Por un futuro sostenible en América Latina – Noticias AMAGI
17986
post-template-default,single,single-post,postid-17986,single-format-standard,qode-listing-1.0.1,qode-social-login-1.0,qode-news-1.0,qode-quick-links-1.0,qode-restaurant-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1400,vss_responsive_adv,vss_width_768,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

Por un futuro sostenible en América Latina

Los líderes latinoamericanos han desarrollado una Declaración de Principios para un Futuro Sostenible de América Latina, en tiempos de pandemia y crisis planetaria que enfatiza la necesidad de revisar el orden actual y adoptar el contrato social necesario para sustentar la paz, dignidad, integridad y la vida de las personas con la promesa de un desarrollo sostenible duradero. Esta iniciativa está siendo promovida por Fundación Futuro Latinoamericano, Fundación Avina,WWF y Sistema B.

Los valores en juego

Los líderes latinoamericanos señalan que la pandemia global del Coronavirus ha puesto al mundo frente a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, expresando su especial preocupación por el impacto en la salud y economía de las poblaciones y comunidades más vulnerables.

Asimismo, señalan que esta pandemia es parte de una crisis sistémica más amplia que, junto a la crisis climática y la pérdida de la biodiversidad, resulta de la forma en que la especie humana ha interactuado con la naturaleza.

Estamos ante una emergencia planetaria que trasciende fronteras nacionales y expone nuestra vulnerabilidad e interdependencia como parte de una misma comunidad global. Por ello, la respuesta exige tanto a nivel internacional como nacional una profunda revisión del contrato social con base en la cooperación, el fortalecimiento de los principios democráticos y el respeto a los límites de la naturaleza.

A pesar de sus diferencias políticas internas, América Latina comparte elementos culturales, lenguaje, un patrimonio ancestral heredado de sus pueblos originarios y un capital natural que le ofrecen condiciones favorables para desarrollar una estrategia regional de cooperación y superar con mayor eficiencia y eficacia los desafíos presentes y futuros a los que estarán expuestos nuestros países y sociedades.

Las causas de la COVID-19, el funcionamiento sistémico del planeta y sus límites

En los últimos 30 años, hemos aumentado exponencialmente nuestra conectividad global, incrementando la exposición a riesgos sistémicos como lo evidencia esta pandemia y, en el mismo período, hemos comprobado la debilidad de nuestros sistemas de gobernanza. La institucionalidad democrática, republicana, ambiental y de salud en la mayoría de nuestros países se encuentra deteriorada y no cuenta con la

infraestructura mínima necesaria para hacer frente a los desafíos de un planeta con más de 7,500 millones de seres humanos afincados principalmente en centros urbanos, casi de espaldas a sus ambientes rurales y naturales. Esta fragilidad institucional expone aún más a los sectores vulnerables, como las comunidades rurales y asentamientos urbanos precarios.

La pandemia COVID-19 es de origen zoonótico, asociada a varios factores concurrentes señalados reiteradamente por la comunidad científica como causantes probables de enfermedades, muertes y catástrofes regionales y globales:

  • La pérdida de hábitats naturales de ciertas especies de fauna que, ante la escasez de recursos, se aproximan a las áreas pobladas.
  • El consumo de especies de fauna silvestre y su comercio.
  • El calentamiento global que permite la migración de vectores de nuevas enfermedades.
  • La baja calidad del entorno ambiental en la mayoría de los países del mundo.

La pandemia global llega en un momento en el que se exacerban los nacionalismos, se multiplican las poblaciones desplazadas que migran escapando de la guerra, la violencia y la pobreza, al tiempo que se acrecientan las barreras de aislamiento. La desconfianza en las instituciones multilaterales y la ausencia de liderazgos globales con vocación de cooperar sólo profundizan la crisis de salud poniendo en riesgo la vida de millones de habitantes.

Por sobre todas las cosas, el coronavirus devela la interdependencia entre naciones y ecosistemas y la fragilidad a la que está expuesta la comunidad global. Muy probablemente enfrentaremos nuevas pandemias hasta tanto generemos los sistemas de contención capaces de prevenirlas y, en su caso, nos permitan responder rápida y solidariamente como una comunidad global interdependiente.

Las consecuencias para una región frágil con alta vulnerabilidad y poca capacidad de enfrentar y gestionar crisis sistémicas

Por su carácter global similar a la crisis climática, esta crisis sanitaria confirma las profundas relaciones de inequidad existentes en el mundo.

  • En general los países de la región tienen sistemas de salud sin el equipamiento necesario para atender a los miles de afectados por el coronavirus.
  • El acceso al agua y a sistemas de saneamiento es vital para sostener prácticas regulares de higiene. En América Latina, región que posee un tercio del agua dulce del mundo, 34 millones de personas aún no tienen acceso a agua potable y el 15% de la población espera todavía acceder a los servicios de saneamiento, aumentando la vulnerabilidad de sus comunidades más necesitadas. (CEPAL, Informe regional 2018)
  • América Latina y el Caribe es la región más urbanizada del planeta, con una alta concentración de su población de menores ingresos, viviendo en situaciones de hacinamiento donde es inviable practicar el distanciamiento social que exigen las normas sanitarias para prevenir el contagio y propagación de la COVID-19. Los países de la Región tienen una población actual de 630 millones, lo que representa un 8,6% de la población mundial. Más del 80% de sus habitantes se localiza en zonas urbanas, en especial en megaciudades que llegan a concentrar más del 30% de la población del respectivo país. (CEPAL, 2018)
  • En América Latina y el Caribe, alrededor del 50% de la fuerza laboral, al menos 140 millones de personas, trabaja en condiciones de informalidad y sin red de contención social.
  • El sustantivo aumento de migraciones de las últimas décadas ha incrementado notablemente la población urbana que vive en condiciones de hacinamiento e informalidad y que es altamente vulnerable frente a crisis sanitarias.

Pertenecemos a sociedades con patrones de producción y consumo insostenibles. La demanda irracional de recursos por parte de una población creciente y la consecuente generación de residuos exceden la capacidad de carga del planeta. En síntesis, somos una población que desconoce o a la que parecen importarle poco los límites del planeta.

Las lecciones aprendidas

  1. Esta pandemia global expone y alerta sobre el grado de deterioro al que hemos llevado a nuestro planeta. Nos permite comprender su singularidad en tanto infraestructura natural proveedora de vida, bienes y servicios, valorar sus límites y reconocer la impostergable necesidad de respetar su funcionamiento sistémico.
  2. En la emergencia, los gobiernos han podido promover y adoptar medidas orientadas a solucionar las cuestiones sanitarias y económicas fundamentales. Este simple hecho demuestra que, cuando existe voluntad política, los Estados y la comunidad global son capaces de emprender cambios estructurales.
  3. La ciencia se ha visto fuertemente reivindicada en la identificación, gestión y planificación de las soluciones posibles ante la emergencia sanitaria. Al igual que frente al riesgo climático, líderes científicos, políticos y sociales anticiparon este riesgo y sugerían el desarrollo de sistemas globales de rápida acción ante las amenazas para la vida en el planeta y nuestra supervivencia. La pandemia demuestra que gestionar riesgos desconociendo a la ciencia tiene implicancias desastrosas y un alto costo económico y social. Nuevas emergencias globales previamente anunciadas y hoy comprobables, obligan a desarrollar respuestas igualmente globales y coordinadas.
  4. El cierre abrupto de las actividades económicas, sosteniendo sólo aquellas consideradas “esenciales” para la salud, la provisión de alimentos o la recolección de residuos, revitalizan la reflexión respecto al actual modelo de producción y consumo. Es necesario revisar un modelo económico basado sólo en el crecimiento permanente del Producto Bruto Interno (PBI).
  5. La pandemia COVID-19 nos obliga a profundizar el debate y a valorizar aquellas empresas y actividades económicas diseñadas con el propósito de responder a los desafíos sociales y ambientales de la actualidad. Necesitamos nuevos modelos de negocio y nuevas maneras de hacer empresa. Optimizar el modelo económico implica renovar el ADN de las empresas para integrar también objetivos ambientales y sociales a sus propósitos y actividades centrales.
  6. La capacidad de resiliencia de la naturaleza, si le damos la oportunidad, puede mejorar las condiciones ambientales en las ciudades, en especial la calidad del aire a través de la disminución de contaminantes de vida corta, generando un efecto positivo en la salud y la vida de la población.
  7. La crisis de salud, generada por la COVID-19, está causando la pérdida de cientos de miles de vidas humanas y una paralización abrupta de las actividades económicas que sustentan la vida de nuestros países. Esta disrupción ofrece un aprendizaje respecto de otras amenazas sistémicas destacadas por la ciencia por causa del cambio climático, que ponen en riesgo la existencia de la especie humana y la vida en el planeta. Hoy, más que nunca, somos conscientes que la salud del planeta es también la salud de quienes lo habitamos.
  8. A pesar de las condiciones de aislamiento, la pandemia del COVID-19 ha reflejado la existencia de valores humanos fundamentales ante la adversidad y sufrimiento del prójimo, generando reacciones de solidaridad, entrega y agradecimiento hacia quienes nos cuidan.

Bases para un renacimiento sostenible desde América Latina

Precisamos encaminar al mundo a un nuevo “renacimiento” en donde el planeta y sus límites sean el marco esencial de nuestras decisiones políticas y económicas para garantizar la vida y el bienestar de la humanidad y de la maravillosa diversidad de organismos que la hacen posible y duradera. Un nuevo “acuerdo por la naturaleza y las personas” que plantee los compromisos de los Estados y otros actores hacia un nuevo marco efectivo para revertir los procesos de pérdida y deterioro de las condiciones naturales del planeta. América Latina tiene un papel, enormes potencialidades y una responsabilidad singular en la tarea de reconectarnos con la naturaleza y el sistema de la vida. Y se enfatiza en la necesidad de revisar sustancialmente el orden actual y adoptar el contrato social necesario para sustentar la paz, dignidad, integridad y la vida de las personas con la promesa de un desarrollo sostenible y duradero.

Ese nuevo orden social local, regional y global debe incluir los siguientes principios*:

  1. El conocimiento científico debe sustentar las decisiones​. La ciencia, como base de conocimiento para la gestión de riesgos y amenazas globales, debe orientar la cooperación y las decisiones políticas, económicas y ambientales. La inversión en investigación y desarrollo, tanto en la prevención de estos riesgos planetarios, así como en las soluciones posibles debe estar en el centro de las prioridades económicas de entidades públicas y del sector privado.
  2. La solidaridad debe guiar la respuesta ante las crisis globales​. Para un renacimiento sostenible, debemos reconocer nuestra interdependencia entre seres humanos y con la naturaleza y promover la salud del sistema Tierra, basados en la solidaridad, la cooperación y la complementariedad entre nosotros.
  3. Avanzar hacia una economía del bienestar no sólo del crecimiento​. Para un renacimiento sostenible, las decisiones sobre “los planes de estímulo económico” en las estrategias de salida de la crisis económica generada por esta pandemia son definitorias. Es necesario asegurar que fortalezcan nuestra capacidad de resiliencia, restauren los sistemas naturales y aceleren la transición hacia una economía del bienestar dentro de los límites planetarios.
  4. Renovar los compromisos climáticos y de biodiversidad en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Debemos reforzar el ciclo de ambición del Acuerdo de París, la reformulación de las metas de Aichi a través del Marco Global para la Biodiversidad Post-2020 del Convenio sobre la Diversidad Biológica y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como un compromiso central hacia 2030. La postergación temporal de ambas Conferencias de las Partes no altera la responsabilidad climática ni la requerida para enfrentar la pérdida de naturaleza, especies y ecosistemas. Es prioritario vincular los planes económicos de recuperación con las Estrategias de Largo Plazo de “Emisiones netas Cero”, acelerando la transición energética, las soluciones basadas en la naturaleza y el desarrollo de una sociedad resiliente y dentro de los límites del planeta.
  5. Poner el desarrollo de la tecnología al servicio de las soluciones y encuadrada en los principios democráticos, el respeto a los derechos humanos y el derecho a la privacidad de la información.
  6. Revisión del rol del Estado y de la gobernanza a todo nivel asegurando el fortalecimiento de las instituciones democráticas y republicanas​.
  7. Desarrollar nuevos modelos de negocios que integren objetivos económicos, ambientales y sociales. En el renacimiento de una nueva economía que aspire a ser sostenible, el papel del sector empresarial es crucial. La existencia de miles de empresas que se han propuesto redefinir el sentido del éxito de sus negocios, integrando a su actividad económica objetivos ambientales y sociales, es una señal de que es posible encaminarnos hacia una economía circular donde nada sobre. Es hora de invertir decididamente en el ingenio humano y en las tecnologías de la regeneración, donde la empresa aporte capital financiero y humano, consciente de su enorme capacidad y responsabilidad de generar al mismo tiempo rentas sociales, ambientales y bienestar económico.

En el año 2019, movilizaciones globales convocaron a millones de personas que pidieron cambios sustanciales en nuestro sistema de vida. Lo vivido en esta crisis global pandémica, demuestra que sí es posible realizar cambios estructurales. El mundo no será igual al salir de esta pandemia. Es posible crear las condiciones para alcanzar un futuro común radicalmente diferente, en el cual la especie humana asuma su responsabilidad del cuidado de la naturaleza y de nuestros semejantes a partir del conocimiento científico de las leyes naturales, de nuestra capacidad creadora y del privilegio de vivir en un planeta capaz de generar y regenerar sus sistemas de vida.

Diálogos para un futuro sostenible

En una serie de Webinars, distintos líderes abrieron el espacio al diálogo y reflexión a partir de la Declaración de Principios mencionada anteriormente, en el objetivo de analizar el potencial de la región para la efectiva aplicación de estos principios en las decisiones políticas, económicas, sociales y ambientales a partir de esta crisis. Es así como en el segundo encuentro se buscó avanzar y plantear líneas de acción concretas con respuestas urgentes y coherentes que cambien el orden regional y promuevan un nuevo pacto social por un futuro sostenible. Algunas de los interrogantes planteados fueron ​¿Qué queremos cambiar del pasado pre-pandemia?, ¿Qué tenemos de singular para proponer desde América Latina? y ¿Cuáles son los primeros pasos para romper la inercia?

Yolanda Kakabadse, Ex Ministra de Ambiente Ecuador, fue la facilitadora de la conversación. Y los panelistas invitados en esta oportunidad fueron: Marina Silva, Ex Ministra de Ambiente Brasil; Gonzalo Muñoz, Nombrado por la presidencia chilena y las Naciones Unidas como el High Level Climate Action Champion para la COP25 y; Gabriel Quijandría, Viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente (Minam) de Perú.

La conversación inició afirmando que el planeta está enfermo y la sociedad está en crisis, por eso debemos actuar ahora. Debemos prepararnos y saber a dónde queremos ir y cómo queremos llegar y cómo contribuir desde América Latina para el planeta.

Qué queremos cambiar

Marina Silva comenta que se debe llegar a una sociedad sustentable no sólo desde lo económico, sino también desde lo social, cultural y ambiental, entre otros aspectos. Se debe crear un nuevo modelo en donde se analice cómo producimos, cómo consumimos, cómo nos relacionamos entre nosotros y con la naturaleza. Imaginar una “Utopía Sustentable” como una nueva forma de pensarnos que presupone la superación de los problemas que hoy se ven en la realidad como la desigualdad social, que deben superarse con igualdad de oportunidades para todas las personas, rompiendo el círculo vicioso de gobernanza que lleva a la injusticia social y a la degradación ambiental. Silva continúa comentando que visualiza un modelo en donde las prioridades y recursos financieros, tecnológicos, de conocimiento y humanos se usen para producir una nueva economía, una bio-economía, nuevas cadenas de valor a partir de la biodiversidad, y plantea una re-educación del capital que no destruya la naturaleza y no promueva la concentración de riqueza y la desigualdad. En este sentido, Silva, menciona a las Empresas B como una nueva forma de hacer empresa con una visión y estructura y objetivo diferente.

Con relación a las Empresas B, Gonzalo Muñoz, comenta que el mundo ya ha cambiado, y si bien las Empresas B son más empáticas, hoy somos más empáticos debido a la cuarentena, y buscamos por el bienestar de los otros. Del mismo modo, se observa que nuestro sistema no es resiliente, que no puede resistir embates y que debe hacerlo ya que la crisis climática nos está obligando a serlo. Es por eso por lo que debemos organizarnos considerando estos aspectos, teniendo a la ciencia de nuestro lado. Las Empresas B tienen la ventaja de que ya vienen trabajando de esta forma, generando valor social y ambiental. Y esta crisis las pone como un modelo a seguir. Conjuntamente, Muñoz menciona a la economía del donut (se trata de un modelo propuesto por Kate Raworth que busca el crecimiento financiero a la vez que impulsa el bienestar de todos) como un nuevo modelo que nos hace replantear los objetivos de crecimiento, en donde el progreso no sólo toma los aspectos económicos, sino también los sociales y ambientales.

Desde América Latina para el mundo

Desde América Latina tenemos para proponer una inmensa cantidad de riquezas naturales. Marina Silva menciona que éstas, no sólo están siendo vistas por ambientalistas, sino también por empresas, gobiernos y diferentes organizaciones internacionales. Contamos con grandes cantidades de recursos naturales, riquezas paisajísticas y diversidad cultural que nos permiten crear nuevas cadenas de valor y generar dinero a través de estas.

Gonzalo Muñoz señala que las PyMEs tiene un gran potencial de contribuir, ya que son flexibles y pueden adaptarse más rápidamente. Vivimos una nueva normalidad en donde nos vemos obligados a cambiar rápida y radicalmente. En este sentido, las Empresas B son rápidas y flexibles, además de tener propósitos sociales y ambientales. Por otro lado, la virtualidad nos ofrece la capacidad de innovar. La energía también se mueve más rápido y pasamos de la adicción al combustible fósil a la energía renovable que cuida el aire. Se valorizan la cultura, el propósito, los criterios ambientales y de buena gobernanza, entre otros aspectos. Por eso, si somos capaces de tomar estos temas, seremos capaces de salir adelante. Muñoz, continúa diciendo que el sector financiero ha visto que las inversiones que tienen métricas sociales, ambientales y de gobernanza crecen y son las menos afectadas durante la pandemia. América Latina es una región con importantes Empresas B que pueden operar en el mercado con estos criterios. Adicionalmente, también contamos con un gran potencial para las energías renovables, evitando, de este modo, las externalidades negativas del uso del combustible fósil, que además ha demostrado una gran inestabilidad este último tiempo.

Por dónde empezamos

Gabriel Quijandría menciona que los procesos de cambio ya están en marcha. No es una moda que va a llegar, ya cambió la forma de hacer negocios. El nivel de exigencia es cada vez más grande; Y la sociedad ya está lista para el cambio, nos exigen cada vez

más. Este es el momento para la propuesta de la bio-economía, señala Quijandría, y se debería partir de entender nuestro vínculo con el ambiente, es decir, con los ecosistemas y recursos naturales, ya que es aquí en donde se inician los procesos y donde terminan. Es necesario entender esta vuelta circular y potenciar la creatividad y la innovación de las empresas emergentes, y trabajar para que las buenas ideas se implementen en proyectos concretos. Incluso, hoy los estudios muestran que invertir en la naturaleza es rentable ​(Ver informe del Foro Económico Mundial sobre naturaleza y negocios). Quijandría añade que el sector privado está más avanzado y es importante que el Estado no se quede atrás para poder responder a los nuevos desafíos, incluyendo la agenda ambiental. La naturaleza y ecosistema son el seguro de vida y seguro de enfermedad más importante que tenemos.

En cuanto a las inversiones, Marina Silva menciona que se deben crear marcos regulatorios de financiamiento para evitar la destrucción y promocionar la reducción de la pérdida de biodiversidad. Los países que comparten por ej. El Amazonas, deben compartir recursos creando fondos de garantía para el comercio y asegurar determinadas inversiones con posibilidades reales de control y retorno. Además, se debe invertir para que los emprendimientos puedan escalarse y evitar la competencia desleal haciendo respetar los requerimientos ambientales. Y señala que las universidades deben poder dar apoyo a emprendedores, el gobierno debe hacer incubadoras de nuevos negocios y emprendedores, y que el ecosistema debe favorecer la igualdad de oportunidades.

Silva también resalta el rol de la educación para crear este nuevo círculo de prosperidad y de redistribución del ingreso y equidad. Asimismo, la educación sirve para que las personas puedan sentirse productivas, creativas, libres para emprender y salir de la fragilidad económica, social y violencia. Haciendo foco en las mujeres, jóvenes y poblaciones vulnerables. Se debe invertir para crear nuevas oportunidades combatiendo la desigualdad estructural.

Además, Silva menciona que se debe fortalecer la democracia y trabajar en una agenda y comercio sustentable. Debemos prepararnos para la energía limpia, valorizar la bio-economía y enfocarnos en ser un centro de calidad y modelo con respeto a estos temas. Actualmente, hay muchas experiencias positivas que se pueden mostrar como ejemplo de viabilidad.

Del mismo modo, Gonzalo Muñoz menciona que debemos conectarnos con los nuevos mercados de carbono hacia los suelos y castigar las actividades contaminantes. Hay que tomar, por ejemplo, la agricultura regenerativa. Ver la riqueza de la naturaleza, regenerar ecosistemas y proveer alimentos saludables. Asimismo, Muñoz comenta que muchas veces los gobiernos nacionales son estructuras pesadas y poco innovadoras. Por eso, nos propone ver a el gobierno local y su capacidad, hay que conectarnos con lo que está pasando en nuestro entorno más cercano. Y desde lo local, existen herramientas más rápidas para detectar necesidades locales y actuar. Debemos valorar nuestro liderazgo local para articular con ellos. En este sentido, hay una oportunidad para repensar nuestras ciudades. Hay que conectarnos con el territorio, con la localidad y las ciudades para crear espacios regeneradores de alimentos, de cultura, de vida, de relaciones, de naturaleza, entre muchas otras cosas. Hay que comprometerse a nivel local, desarrollar emprendimientos locales y favorecer la producción local.

América Latina ya presenta cambios que van más allá de la pandemia, tenemos el conocimiento y la experiencia. Sólo debemos aprender a usar de forma sustentable las riquezas naturales y aprovechar el potencial de la bio-economía.

*Estos principios fueron formulados por:

  • Yolanda Kakabadse, Ecuador, Ex Presidente UICN y WWF
  • Manuel Pulgar Vidal, Perú, Líder Global de Clima y Energía, WWF Internacional
  • Rafael Asenjo, Chile, Ex Presidente Tribunal Ambiental de Santiago de Chile
  • Pedro Tarak, Argentina, Co Fundador Sistema B.
  • Miguel Pellerano, Argentina
  • Juan Dumas, Argentina, Meliquina Ltd.
  • Ramiro Fernández, Argentina, Director Cambio Climático, Avina
  • Ignacio Pérez, Ecuador, Seriva
  • Jorge Caillaux, Perú, Presidente Sociedad Peruana de Derecho Ambiental

Para leer más sobre este tema y conocer quiénes fueron los líderes firmantes ingresa en: https://www.ffla.net/américa-sostenible.html

#Seguinos en Instagram