¿Cuánto vale tu madre?: relevancia versus medición – Noticias AMAGI
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¿Cuánto vale tu madre?: relevancia versus medición

Por Antonio Vives

 

 

Si lees medios relacionados con la gestión de empresas, no pasan muchos días sin leer el mantra más conocido de “lo que no se puede medir no se puede gestionar”. Muchas veces se hace para promover la medición de resultados de la gestión, pero muchas veces para indicar que si algo no se puede medir se debe ignorar en la gestión, o por menos no priorizar.

 

Esta actitud le hace mucho daño a la responsabilidad empresarial, que en general involucra actividades que tienen costos tangibles, medibles, a corto plazo y beneficios a largo plazo, muchos de ellos no tangibles, no medibles. Si solo podemos (¿queremos?) gestionar lo medible, la responsabilidad empresarial será menor que la que la sociedad requiere, porque los costos sí cuentan y los beneficios no medibles no cuentan. Algunos dirán que no toda la responsabilidad debe estar sujeta a un análisis de costo-beneficio, que la empresa debe ser responsable por razones morales, éticas, de solidaridad, etc. De acuerdo, pero hay muchos escépticos que necesitan que se les demuestre el valor comercial de la responsabilidad. Son estos los que dicen que solo lo medible es gestionable.

 

Pero el ignorar los aspectos de gestión no medibles es equivocarse de culpable. El problema no son los aspectos no medibles, el problema es la medición.

 

¿Se podía medir el nivel de gases de efecto invernadero en la atmósfera hace decenas de años? No, o de manera muy poco confiable. ¿Quiere esto decir que el calentamiento global empezó cuando pudimos medirlos, o es que fue en ese momento que nos dimos cuenta de que teníamos un problema, que al no poderlo medir lo ignorábamos?

 

¿Podemos medir el impacto que el compromiso e involucramiento del personal (engagement) tiene sobre los beneficios de la empresa? Es posible que no. ¿Quiere esto decir que lo podemos ignorar? Obviamente que no. A lo mejor no lo podemos cuantificar, pero sí sabemos que tiene un efecto positivo y que hay que hacer los esfuerzos para mejorar ese compromiso e involucramiento, que impacta la motivación, que impacta la productividad. Poco a poco se están desarrollando técnicas socioeconómicas para la medición del grado de compromiso e involucramiento, cuáles son sus causas y cuáles, sus efectos. No se debe ignorar porque no se puede medir, sino intensificar los esfuerzos para medir.

 

Algo parecido sucede con la cultura empresarial. Es un hecho reconocido que esta determina la operatoria de la empresa, pero si ni siquiera hay acuerdo en qué es la cultura empresarial, mucho menos cómo medirla. Hay avances en la medición de actitudes, que algunos llaman medición de la cultura, pero el hecho de que no se pueda medir no quiere decir que sea irrelevante.

 

Sabes que consumes calorías durante el día, pero hasta hace poco no lo podías medir. Hoy te pones una pulsera que te da más información sobre tus movimientos de lo que quisieras saber. ¿Quiere ello decir que como no podías medirlas, no las consumías? ¿Puedes medir todos los componentes de tu estado de salud? Dentro de poco te pondrán un chip debajo de la piel, que medirá, registrará y transmitirá toda la información necesaria para tus médicos y/o familiares.

 

Y ahora los aficionados al fútbol tienen todo tipo de estadísticas: cuántos pases buenos y malos dieron los jugadores, cuánto corrieron, en qué zonas de la cancha tocaron el balón, cuál fue la posesión relativa del balón, entre muchas otras. Y estas son una mínima parte de las estadísticas que se compilan. Ahora la compra de un jugador viene acompañada de un historial estadístico, y no solamente de su edad, de cuántos goles marcó o de cuántas tarjetas amarillas y rojas le han sacado. Los equipos gestionan los jugadores y el juego basándose en estadísticas, muy pocas de las cuales estaban disponibles hace solo algunos años. ¿Quiere esto decir que los jugadores y el juego no se podían gestionar? Claro que se gestionaban, pero era más con base en la experiencia, intuición y visión de los entrenadores.

 

La calidad de la gestión no se determina en función de cómo se gestionan los valores relativos de los eventos medibles. Eso lo puede hacer un computador. Todo lo contrario, lo que distingue una gestión excelente de una mediocre es la capacidad de tomar las decisiones correctas con información imperfecta, del uso de la intuición educada, de la experiencia, de la capacidad de extraer y balancear, de casos anteriores, lo pertinente de lo impertinente. ¿Cuánto vale la experiencia?

 

Hoy en día, gracias al valor que tiene la información, muy buena parte del valor de la empresa se debe a activos intangibles, como la reputación (percepción), capital intelectual (gestión de la información), valor de la marca, etc., que no se miden de forma precisa, pero ello no quiere decir que no se deban gestionar. Para muchas empresas ese valor excede con mucho el valor de sus activos fijos, tangibles, esos que sí se contabilizan en los estados financieros, en dólares (euros, pesos, etc.) y céntimos.

 

¿Se puede medir el valor del respeto, del amor, de la confianza, de la amistad? ¿No se pueden gestionar?

 

¿Se puede medir cuánto vale tu madre? ¿Quiere eso decir que no tiene valor? ¿Que se puede ignorar? ¿Que no se puede “gestionar”? No es que la quieras vender. A lo mejor sí quieres vender (o regalar) la suegra, pero seguro que le das menos valor.

 

Es oportuno recordar la cita, atribuida a Einstein, de que “no todo lo que se puede contar cuenta, ni todo lo que cuenta se puede contar”. Es muy posible que se le atribuya a él para que tenga más credibilidad, pero al final no importa quién la dijo; lo importante es que se ha demostrado que es cierta, sobre todo en los temas relacionados con la responsabilidad empresarial.

 

¿Será que los que defienden que “todo lo que no se puede medir no se puede gestionar” nacieron sin la intervención de una madre?

 

Mucho de lo que no es medible se puede y debe gestionar. La relevancia de un hecho no es en función de la capacidad de que sea medido, es en función de su impacto.

 

Y esto es la clave para la gestión de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.

 


 

Fuente: Antonio Vives (2017): Una mirada crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica. Volumen IV.

Antonio Vives es Socio Principal de Cumpetere. Profesor Adjunto, Stanford University. Ex miembro de los Consejos Asesores de Sostenibilidad de CEMEX y Abengoa, y ex-miembro de la Comisión Asesora en Infraestructura del estado de California. Ex-Gerente de Desarrollo Sostenible del Banco Interamericano de Desarrollo. Creador de las Conferencias Interamericanas sobre RSE. Autor de numerosos articulos y libros sobre RSE.

 

Web: www.cumpetere.com

Blog: www.cumpetere.blogspot.com

 

 


 

 

Créditos Imagen: Designed by mindandi / Freepik

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