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De la equidad en la distribución del ingreso al desarrollo humano

por Carlos Legna Verna

Profesor emérito de la Universidad de La Laguna, España

clegna@ull.edu.es

 

 

 

Asistimos a un proceso de crecimiento de la desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza en el mundo. Algunos datos, tomados del informe de OXFAM de este año “Premiar el trabajo, no la riqueza”, ilustran claramente sobre esta tendencia.

 

Según datos para el conjunto del mundo:

  • El 82% de la riqueza mundial generada durante el pasado año fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre –3 700 millones de personas– no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento.
  • En 2016, 61 personas poseían la misma riqueza que la mitad de la población mundial.
  • Desde el año 2010, la riqueza de esta élite económica ha crecido en un promedio del 13% al año; seis veces más rápido que los salarios de las personas trabajadoras, que apenas han aumentado un promedio anual del 2%. Entre marzo de 2016 y marzo de 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días.
  • En lo que concierne a nuestro continente, América Latina y el Caribe:
  • El 10% más rico de la población concentra el 68% de la riqueza total, mientras el 50% más pobre solo accede al 3.5% de esa riqueza.
  • La riqueza de los milmillonarios latinoamericanos creció en 155 mil millones de dólares el último año; cantidad de riqueza que sería suficiente para acabar casi 2 veces con toda la pobreza monetaria por un año en la región.
  • El 16% de los trabajadores asalariados y el 28% de los trabajadores por cuenta propia se encuentran en situación de pobreza.

 

Además de las desigualdades que muestran los datos precedentes hay una fuerte desigualdad de género. Las mujeres trabajadoras se encuentran en la base de esta pirámide económica. En todo el mundo, ellas ganan menos que los hombres y están sobrerrepresentadas en los empleos peor remunerados y más precarios. De igual forma, nueve de cada 10 milmillonarios son hombres. En América Latina, las mujeres trabajan casi el doble de horas que los hombres en trabajos no remunerados. El mencionado informe menciona algunos ejemplos dramáticos: “(…) las mujeres que trabajan en fábricas textiles vietnamitas, lejos de sus hogares y sin ver a sus hijos durante meses, a cambio de salarios de pobreza. O como las mujeres que trabajan en la industria avícola de los Estados Unidos, obligadas a llevar pañales porque no tienen descansos para ir al servicio. O las mujeres que trabajan en hoteles de Canadá, víctimas de acoso sexual y obligadas a mantenerlo en secreto por miedo a perder su empleo“.

 

Los pocos datos mencionados son elocuentes; y plantean una cuestión ética. Según una corriente de pensamiento económico, de larga tradición, la redistribución de los frutos del crecimiento económico obstaculiza a este último: en otras palabras, la equidad está reñida con la eficiencia económica. Entonces, según este razonamiento, se puede defender una mayor equidad en la distribución del ingreso y de la riqueza atendiendo a principios morales; pero la mayor equidad se logrará a costa de un menor crecimiento económico. También se sostiene, siempre según esta línea de pensamiento, que el crecimiento económico mejora la distribución del ingreso. Por lo tanto, es mejor crecer primero y luego distribuir.

 

Las afirmaciones precedentes son falsas. Porque no sólo los datos precedentes muestran que el crecimiento económico, por sí sólo, no asegura una mejor distribución del ingreso y de la riqueza (en su libro Desarrollo y Libertad, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, demuestra que las afirmaciones que hemos comentado son falsas; así como otras, que frecuentemente las acompañan, según las cuales se crece económicamente más con regímenes dictatoriales que con democráticos). Aquéllas afirmaciones son falsas también porque hay evidencias empíricas que muestran que si la distribución de la riqueza y del ingreso es muy inequitativa obstaculiza al crecimiento económico. Si esto es cierto, hay dos conclusiones importantes desde el punto de vista de las políticas públicas: a) no son necesarios argumentos morales (si bien son importantes) para ejecutar políticas sociales que sean más justas; y b) para afianzar el crecimiento económico se deben diseñar políticas sociales.

 

Para justificar el punto b) anterior debemos comentar algunas de las razones por las cuales una muy injusta distribución del ingreso y de la riqueza obstaculiza el crecimiento económico:

  1. La desigualdad es vista, por los más pobres, como un signo de injusticia y desigualdad de oportunidades (con razón, por cierto). Y esto es una causa de inestabilidad social que genera huelgas, motines y el aumento de la violencia y la inseguridad, que reducen el crecimiento económico.
  2. Los pobres emprendedores no tienen, como es sabido, acceso a los mercados financieros, lo que, obviamente, es un obstáculo para que una parte importante de la población contribuya a la producción.
  3. Generalmente, los más pobres no tienen acceso a buenos servicios de educación y salud. Pero la educación es fundamental para el logro de una mayor eficiencia económica (las personas pueden asignar mejor sus recursos económicos) y, ciertamente clave, para lograr un crecimiento de la innovación tecnológica. Con una población con bajo nivel de formación un país no puede avanzar tecnológicamente y ni mejorar su productividad del trabajo, que es una condición para el aumento de los salarios reales. Igualmente, la salud es una condición necesaria para el crecimiento económico: los débiles y enfermos no pueden trabajar…Niños mal nutridos y mal tratados en materia de salud serán adultos incapaces de ejecutar trabajos que requieran fortaleza física y mental.

 

El funcionamiento del sistema económico y político no tiende automáticamente a reducir la marginalidad y la pobreza y, por tanto, sus efectos sobre el crecimiento económico que hemos mencionado. Esto es así porque la pobreza, la marginalidad social, el mal estado de la salud y la insuficiente e inadecuada educación tienden a reproducirse (en un artículo publicado en otro medio hemos explicado cómo esto ocurre en Argentina y es causa de aumentos de la violencia y de la inseguridad. La mayor parte de la desigualdad en el ingreso de los adultos de América Latina y del mundo se debe a circunstancias personales sucedidas durante su niñez, que escapan a su control y responsabilidad. Estas circunstancias están ligadas a la raza, el género, el lugar de nacimiento, y el nivel educativo y de educación de los padres, como lo demuestra el “Índice de Oportunidades Humanas” (ver “LAC Equity Lab: Igualdad de Oportunidades”, Disponible en http://www.bancomundial.org/es/topic/poverty/lac-equity-lab1/equality-of-opportunities). Estos factores son lo suficientemente fuertes como para poder predecir el futuro de un niño nacido en un hogar pobre con baja educación de sus padres; y cuan diferente será el futuro de un niño nacido en un hogar rico con educación superior de sus progenitores (según una investigación de que quien escribe este texto, la probabilidad de que la primera categoría de niños termine la carrera que emprendió era muy inferior a la de los que pertenecían a la segunda categoría). El futuro, al menos gran parte, se gesta en el vientre de la madre y en los primeros cinco años.

 

Por las razones expuestas, se afianza actualmente una corriente de pensamiento, distinta de la mencionada al principio, que sostiene que una política económica eficiente es compatible con objetivos de crecimiento sostenible, solidaridad y bienestar social. No se trata de que primero haya que crecer (X) y luego atender a la solidaridad, a las buenas políticas sociales y a la sostenibilidad (Y): no hay primero X y luego Y; hay que actuar simultáneamente en relación con X e Y.

 

Estas ideas se afianzan en medios que no pueden sospecharse de “antisistemas” (o expresiones similares). En el World Economic Forum se emitieron varias opiniones sobre este tema, por ejemplo, la de Benedict Clemens, economista del FMI, quien sostiene que “no hay conflicto entre equidad y eficiencia si se diseñan políticas correctas” (sería muy bueno para los países que se ven obligados a aplicar políticas del FMI, que esta institución aplique estas ideas); Philippe Aghion, investigador en CEPR, sostiene que se debe impulsar el aumento de la productividad y a la vez promover la movilidad social y un desarrollo inclusivo, “El peligro de potenciar la desigualdad son los tratos de privilegio y la creación de barreras de entrada” (se refiere entradas al proceso económico, como es lo que mencionamos sobre el sistema financiero).

 

Rueda-Sabater, colaborador del Banco Mundial y consultor del BCG (Boston Consulting Group), ha desarrollado una herramienta para pasar del crecimiento de rentas y riqueza a bienestar social (“Sustainable  Economic Development Assessment”, SEDA). Se trata de valorar hasta diez distintas dimensiones entre las cuales está la distribución de ingresos; la inversión en educación, sanidad e infraestructuras; la cohesión social; la efectividad, transparencia y estabilidad del Gobierno; o la calidad y protección del medio ambiente.

 

No existen leyes económicas inmutables e indiscutibles que digan que primero hay que aumentar el PIB y luego distribuir los frutos de ese crecimiento. Es una cuestión de voluntad política. Con palabras de un Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, el problema de la desigualdad no es tanto una cuestión de técnica económica como de práctica política…Una desigualdad más amplia y profunda no es una consecuencia inmutable de leyes económicas, sino de las leyes que nosotros mismos establecemos”. A lo que agregamos que se puede conjugar eficiencia y equidad en el campo económico; y que se puede hacer de varias maneras y con más o menos dosis de cada ingrediente. No hay una receta única; lo que hay son diferentes prioridades.

 

Ahora bien, la equidad es importante. Llegados hasta aquí, debemos preguntarnos si ella es un fin en sí misma o si es un medio, pues las personas pueden vivir en una sociedad en la cual la distribución de la riqueza y del ingreso es muy equitativa, pero no se pueden desarrollar como personas. Esto es lo que plantea, como cuestión esencial, el Desarrollo Humano. Recordemos que, en el primero de los informes anuales, el de 1990, define al Desarrollo Humano como “(…) un proceso en el cual se amplían las oportunidades del ser humano. En principio, estas oportunidades pueden ser infinitas y cambiar con el tiempo. Sin embargo, a todos los niveles de desarrollo, las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente. Si no se poseen estas oportunidades esenciales, muchas otras alternativas continuarán siendo inaccesibles”. Y afirma también que “El desarrollo humano trata de la expansión de las libertades y capacidades de la gente para vivir una vida que valoren, y tienen razones para valorar”. Este último párrafo, aún más esencial que el anterior, significa que la sociedad debe crear las condiciones para que podamos elegir el modo de vida que valoramos; que cada uno de nosotros y todos valoramos, no sólo un grupo de privilegiados. Para lo cual es necesario un mínimo de equidad. Pero también, y fundamental en el pensamiento sobre Desarrollo Humano, es necesaria la libertad, mejorar las Capacidades de las personas y lograr otro tipo de equidad, que es la reducción de las diferencias entre las Capacidades de las personas. Pero eso lo dejamos para otro artículo.

 

 


 

Carlos Legna Verna

es Profesor Emérito de la Universidad de La Laguna, España, Doctor en Economía por la universidad Pierre Mendès France de Grenoble, Francia y Licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Fue experto de la cooperación para el desarrollo de Naciones Unidas. Trabajó como funcionario del ECOSOC (Consejo Económico y Social de NNUU) en América Latina y África. Trabajó como investigador en la sede de NNUU en Ginebra y fue profesor del ILPES (Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social de la CEPAL).

Ha publicado artículos y libros sobre como mejorar las decisiones estratégicas, la utilización de la dinámica de sistemas para definir políticas económicas y sociales, la gestión estratégica y el desarrollo socio-económico.

 


 

Foto de Portada: Designed by jcomp / Freepik

 

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