Desarrollo sostenible, economía circular, verde, azul... Y el valor de la educación – Noticias AMAGI
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Desarrollo sostenible, economía circular, verde, azul… Y el valor de la educación

Por
Isabel García Garcia
Marcelo Legna
David Legna de la Nuez
Carlos Legna Verna

 

1. La degradación del medio ambiente

 

Todos los seres vivos viven, valga la redundancia, en unos parámetros concretos. Existen dentro de un rango óptimo, donde el organismo realiza sus funciones de nutrición, relación y reproducción sin problemas. Más allá de ese rango existe la zona de estrés fisiológico, en la que el ser vivo puede sobrevivir, pero no realizar sus funciones correctamente. Por último, sobrepasada la zona de estrés, se encuentra la llamada zona de intolerancia, en la que el ser no puede sobrevivir. Esto quiere decir que los seres vivos se encuentran adaptados a un rango de parámetros concretos, como podrían ser determinada temperatura o acidez. Si estos parámetros varían de forma brusca, como está ocurriendo con el cambio climático, las especies adaptadas a los parámetros anteriores (como nosotros), no podrán sobrevivir.

 

Los investigadores de WWF y la Sociedad Zoológica de Londres afirman en el “Informe Planeta vivo 2018” que sólo entre 1970 y 2014 hemos perdido el 60% de las especies de vertebrados, y se calcula que esta cifra alcanzará el 67% en 2020. Recordemos que el ser humano también es un vertebrado, y también necesita vivir dentro de unos parámetros concretos y es, por tanto, igualmente dependiente de su ambiente.

 

En diciembre de este año se celebró la XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU. Es la XXV Conferencia, pero el medio ambiente sigue deteriorándose. Continúa el derretimiento de los polos, el aumento del nivel del mar, aumento de las lluvias torrenciales a la vez que aumento de las sequías, la intensificación de tormentas y huracanes, y la multiplicación de la probabilidad de que éstos eventos climáticos extremos sucedan. Todo esto se debe al calentamiento global derivado de la acumulación del CO2 de origen antrópico. Esta acumulación también está produciendo lo que algunos conocen como el gemelo del cambio climático, la acidificación oceánica, con consecuencias potencialmente peores.

 

Tanto el aumento de la acidez como de la temperatura media de mares y océanos desplaza a los seres vivos a su zona de estrés fisiológico. Entre ellos se encuentra el fitoplancton, algas unicelulares que flotan en el océano, las cuales son responsables de la liberación a la atmósfera de un gran porcentaje del oxígeno que respiramos (se calcula que entre el 70 y el 80%).

 

Por lo tanto, no solo nos estamos enfrentando al aumento de las temperaturas, subida del nivel del mar, desaparición de especies o contaminación, sino también a la potencial disminución del organismo que nos permite respirar.

 

 

2. Sobre la noción de desarrollo sostenible y la necesaria visión sistémica.

 

De lo anterior, resulta evidente que la humanidad se enfrenta a un fuerte desafío: está en juego su supervivencia. Como ocurre con toda enfermedad, la buena cura depende de un buen diagnóstico. Debemos responder a la pregunta ¿Cómo es el Desarrollo Sostenible que permita la supervivencia de la humanidad? Según el Informe Brundtland, se define “Desarrollo Sostenible” como el que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas (World Commision on Environment and Developement, 1987). Lo que es “sostenible” es el “desarrollo”. Por tanto, en primer lugar, debemos precisar qué es este último para saber qué es lo que queremos “sostener”. En el ámbito de la política y de las ciencias sociales se empezó a hablar de desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial, el que, durante las posteriores primeras décadas, era asimilado a más producción y consumo de bienes materias (o crecimiento del PIB). Pero, paso a paso, se fue observando que el simple aumento global de los bienes materiales, sin atender a una más justa distribución del ingreso y de la riqueza y a otras características no materiales de la sociedad, no hacía más feliz a la gente, no mejoraba su calidad de vida. Y así nacieron concepciones como las del “desarrollo humano”, “el desarrollo a escala humana”, el “otro desarrollo”, etc.: todas ellas centradas en la realización de las personas como tales, lo que implica tener en cuenta aspectos materiales y no materiales de las sociedades (Legna Verna, 2018)(Legna Verna, 2009). Aunque no tratemos en detalle, en este artículo, esta segunda línea de interpretación del desarrollo, a ella nos adherimos. Para nosotros, él no es simplemente el crecimiento del PIB per cápita; debe satisfacer las necesidades materiales y no materiales de las personas (un detalle de esta definición se encuentra en (Legna Verna, 2009 y 2018).

 

Ahora bien, el vocablo “desarrollo” conlleva la idea de cambio. Si un adolescente se desarrolla, significa que cambia: lo mismo cuando se trata de una sociedad. Ese cambio siempre tiene una dirección: el joven puede desarrollarse para ser un hombre fuerte, educado, etc., o lo contrario. Como observa Gilberto Gallopin, refiriéndose a las sociedades, el Desarrollo Sostenible “(…) es un cambio progresivo y en una dirección, “sostenible” significa que ese cambio se pueda mantener en el tiempo” (Gallopin, 2003).

 

El Desarrollo Sostenible es entonces un cambio de la sociedad que se mantiene en el tiempo, que perdura. Por eso preferimos su denominación en Francés: “développement durable”, que dura; pero por convención seguimos utilizando la que se ha hecho habitual en Castellano, próxima a la anglosajona (“sustainable development”).

 

Ahora bien, la sociedad es un sistema complejo; debemos observarla como tal para tratar de comprender qué significa su Desarrollo Sostenible. Un sistema es un conjunto de elementos interrelacionados, que tiene entradas y salidas o productos (si es un sistema abierto). Por ejemplo, un área agrícola es un sistema abierto, constituido por muchos elementos (tierra, máquinas, hombres, etc.) que recibe insumos (semillas, fertilizantes, etc.) y produce salidas (trigo). Cuando hablamos de “desarrollo” (que dura, que perdura), debemos precisar, en primer lugar, si nos referimos al sistema (el área agrícola) o a sus resultados (la producción de trigo); y, en segundo lugar, que éste es un concepto dinámico, que implica cambio: el desarrollo del adolescente es cambios (¡lo saben sus padres!). Por tanto, el Desarrollo Sostenible es también un concepto dinámico. Lo que perdura, lo que se sostiene, es el cambio: éste es lo permanente. No es lo mismo que se mantenga el sector agrícola tal como está (se sostiene), a que se mantenga el cambio del mismo (se desarrolla, si el cambio va en la dirección deseada) (Gallopín, 2003).

 

Podemos estar interesados en la sostenibilidad del sistema o en sus resultados. La definición de Desarrollo Sostenible de Brundtland, que hemos citado (como la mayoría de las definiciones), da prioridad al resultado: la satisfacción de las necesidades futuras. Pero para lograr el resultado deseado es necesario modificar el sistema, pues el socio-económico y ambiental actual lo único que asegura es que no se podrán satisfacer las necesidades futuras de las personas; y garantiza también que el planeta será inhabitable. Su estado y tendencias, que hemos descripto en la primera sección, nos lo dicen claramente. Es interesante señalar un fenómeno que nos toca más de cerca. La agricultura pampeana en Argentina, si se continúa explotando con la intención de maximizar la productividad con una visión de corto plazo (utilización de agroquímicos en exceso, por ejemplo) terminará destruyendo al ecosistema. Por eso, a veces no es deseable que un sistema persista tal como está funcionando en el presente, pues se autodestruirá. Otro ejemplo es el sistema capitalista actual, uno de cuyos resultados es la creciente desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza y la persistencia de la pobreza extrema en muchas zonas del planeta. Para quienes desean una sociedad más equitativa, el estado de este sistema no es deseable. Este ejemplo revela también la necesidad de los valores para poder juzgar sobre la bondad de un sistema, pues a algunos no les preocupa la creciente desigualdad en la distribución de los frutos del proceso económico.

 

Los humanos estamos inmersos en un Suprasistema ambiental, también designado biosfera que está conformado por todos los seres vivos, sus interrelaciones y el medio en el que se desarrollan. Desde la perspectiva de este artículo, los subsistemas más relevantes son los siguientes (los tres últimos subsistemas son similares a los que propone Gallopin (Gallopin, 2016).

 

  1. El de los valores, de la cultura y del conocimiento científico y de los comportamientos que predominan en una sociedad, que determinan lo que las personas consumen y demandan, si aprecian o no la protección del medio ambiente, sus fines en la vida, la prioridad que otorgan a los bienes materiales o inmateriales y si conocen los efectos de sus actos sobre la sostenibilidad del Suprasistema ambiental.
  2. El demográfico, que incluye variables que influyen en el crecimiento de la población (tasas de natalidad, de mortalidad, de crecimiento vegetativo, de morbilidad, por ejemplo).
  3. El subsistema científico-tecnológico que produce la I+D+i y que por medio de ella produce efectos sobre el subsistema económico e influye en todo el funcionamiento de la sociedad.
  4. El subsistema económico, que incluye la producción, el comercio y el consumo de bienes y servicios, el estado general de la economía, la infraestructura y los asentamientos humanos (el ambiente construido) y que genera desechos por el consumo y la producción que los vuelca sobre el medio ambiente.
  5. El subsistema institucional contiene las instituciones formales e informales de la sociedad, las leyes y las regulaciones, y las políticas, así como las estructuras y los procesos societales principales (agentes sociopolíticos, procesos políticos, estructuras de poder, etc.).
  6. Los subsistemas naturales, que incluyen bosques, ríos, mares, etc. Que son los que permiten el reciclado de los contaminantes, nos proporcionan oxígeno, agua potable, y nos permiten desarrollar otras actividades como el cultivo de alimentos o la ganadería.

 

Cada uno de los seis subsistemas se relaciona con cada uno de los otros; recibe efectos de ellos y produce también sobre ellos. A largo plazo, la única alternativa de sostenibilidad de la vida humana es la de mantener un equilibrio con la biosfera: el calentamiento global es un ejemplo de desequilibrio. El subsistema económico es una de las fuerzas, tal vez la más fuerte, que está destruyendo ese equilibrio. Es hora de revisar algunas propuestas para hacer que la economía no tenga esta fuerza destructora.

 

 

3. Algunas propuestas desde la economía para hacer sostenible el desarrollo: economía circular, verde, azul…

 

Se han hecho varias propuestas sobre las características o tipos de economía que ayudarían a la sostenibilidad del sistema socio-económico y ambiental.

 

Comencemos por la Economía Circular.

 

Una economía circular es restaurativa y regenerativa a propósito, y que trata de que los productos, componentes y materias mantengan su utilidad y valor máximos en todo momento, distinguiendo entre ciclos técnicos y biológicos. Este nuevo modelo económico trata en definitiva de desvincular el desarrollo económico global del consumo de recursos finitos. Una economía circular aborda los crecientes desafíos relacionados con los recursos a los que se enfrentan las empresas y las economías, y podría generar crecimiento, crear empleo y reducir los efectos medioambientales, incluidas las emisiones de carbono. Dado que cada vez son más las voces que abogan por un nuevo modelo económico basado en el pensamiento de sistemas, una conjunción favorable sin precedentes de actores tecnológicos y sociales puede hacer posible ahora la transición a una economía circular” (Macarthur, 2013).

 

En síntesis, la economía circular trata de romper el paradigma de la economía lineal de comprar, usar y tirar, para cambiarlo por otro que organice la actividad económica de manera de reducir el uso de recursos naturales, reutilizar y reciclar. Con este modelo económico se designan los bienes durables de manera que se puedan restaurar, usándose los componentes y los productos durante más tiempo y se asegura que los materiales biológicos puedan re-entrar en la biosfera, de manera de asegurar la productividad del suelo. En suma, la economía circular busca desacoplar el crecimiento económico del consumo de recursos naturales.

 

 

La Economía Verde.

 

Este tipo de economía no es contradictorio con la circular y agrega otros matices, pues explicita que uno de sus objetivos es mejorar el bienestar y la equidad. Pretende que el crecimiento económico reduzca o elimine sus efectos sobre el medio ambiente: “una Economía Verde genera trabajos, negocios e inversiones, mientras se produce un aumento de la producción de energía limpia, incrementando la eficiencia energética, reduciendo la emisión de gases, residuos y contaminantes, y conservando el agua y los recursos naturales” (Barbier, 2010).

 

Según el Programa de Naciones Unidas para el medio ambiente (PNUMA), una economía verde debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. La economía verde produce bajas emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero), utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente. En una economía verde, el aumento de los ingresos y la creación de empleos se derivan de inversiones públicas y privadas destinadas a: a) reducir las emisiones de GEI y la contaminación; b) promover la eficiencia energética y del uso de los recursos; y c) evitar la pérdida de diversidad biológica y de servicios de los ecosistemas. La orientación de las inversiones en esta dirección se realizará mediante un gasto público selectivo, reformas políticas y cambios en la regulación. La Economía Verde deberá mantener, mejorar y, cuando sea necesario, reconstruir el capital natural como activo económico fundamental y fuente de beneficios públicos, especialmente para las personas desfavorecidas cuyo sustento y seguridad dependen de la naturaleza.

 

La economía verde reconoce el valor del capital natural e invierte en él; y favorece la I+D+i que desarrolle tecnologías amigables con el medio ambiente como pueden ser las energías renovables, los materiales para la construcción bioclimática, el transporte limpio, la gestión de residuos y el reciclaje.

 

El avance hacia una Economía Verde requiere un cambio en las políticas nacionales y supranacionales, como por ejemplo: a) cambios en la política fiscal, que incentiven la producción y el uso de las energías renovables (en España, durante el gobierno de un partido político, se establecieron normas que desincentivaban el desarrollo de las energías renovables); b) reforma y reducción de subsidios con efectos perjudiciales para el ambiente (como los subsidios a uso del diésel); c) inversión pública para “enverdecer” áreas y sectores (“enverdecer” la Pampa Húmeda de Argentina, eliminando algunos agroquímicos); d) introducir criterios ambientales en las adquisiciones públicas; e) aumentar los espacios verdes y reducir la contaminación en las ciudades (durante el gobierno anterior de la ciudad de Madrid se redujo la contaminación pero el actual gobierno de la ciudad está implementando medidas que la favorecen); f) en general diseñar y ejecutar normas y regulaciones que favorezcan el medio ambiente (Programa de Naciones Unidas para el medio ambiente (PNUMA), 2011).

 

Las economías azules: la de Pauli y la que se desarrolló a partir de Rio+20, que se orienta prioritariamente a los mares y costas.

 

La Economía Azul de Pauli

 

Hablamos en plural de este “color” de economía porque hay dos versiones. Comencemos por la de Gunter Pauli, que se originó antes que la segunda (las denominaremos “Azul-Pauli” y “Azul-Mares”.

 

La primera es un modelo económico que se inspira en la naturaleza, la mimetiza, y que, al igual que las otras categorías de economía que hemos expuesto, busca cambiar el modelo de producción tradicional y lineal, que destruye la naturaleza y agota los recursos naturales; y que, por el contrario, trata de regenerarlos. Su idea central es la creación de clusters que generen un ecosistema autosuficiente, que no produzca desechos, porque lo que la “economía lineal”, tradicional, eliminaría como un residuo, es utilizado en el cluster como insumo en otro proceso productivo (Pauli, 2010).

 

La propuesta de Pauli está dirigida esencialmente a las empresas, para que innoven en sus modelos de negocios, sean más competitivos y que produzcan un valor añadido en relación con el medio ambiente, sin centrase solamente en los beneficios puramente económicos y privados (además de éstos, la Economía Azul-Pau produce un beneficio social, que se deriva de la regeneración de los recursos naturales y de la mejora del medio ambiente, del que no necesariamente se apropian las empresas). Con este fin ZERI (Zero Emissions Research and Initiatives) una red global de mentes creativas que buscan “soluciones a los problemas del mundo”, desarrolla bases para sistemas de negocios sostenibles que cuestionen los supuestos de la economía tradicional.

 

Un ejemplo que ilustra sobre esta Economía Azul es el de un proyecto de ZERI en Zimbabwe que tiene como objetivo crear un sistema sostenible e incluir a los más vulnerables de la comunidad, mujeres en este caso. Ellas producen café y con la biomasa restante (el 99,8 %!) producen setas shitake, que exportan con un alto valor añadido; producen además proteína y otros nutrientes que utilizan para alimentar animales, con los que diversifican su negocio. El proyecto es sostenible económica, ecológica y socialmente (ZERI Organization, n.d.)(Fraile Oliver, 2011)

 

La Economía Azul de los mares y costas

 

En la conferencia de Rio+20 se propuso una aplicación de la Economía Verde a las actividades costeras y oceánicas. Se trató de crear un modelo económico, distinto del tradicional, que respeten las actividades económicas que se realizan en los ecosistemas de las costas y los océanos.

 

Las actividades económicas que diariamente influyen sobre los mares y costas han empezado a recibir cada vez más atención por parte de los medios de comunicación y en las discusiones tanto nacionales como internacionales. Numerosos países están desarrollando políticas económicas en este sector para proteger los recursos marinos y proporcionar una distribución equitativa de los mismos. Economía Azul (EA) es un concepto que se hizo popular propiciado por estos nuevos retos en la óptica de encontrar un crecimiento azul que sea sostenible, protegiendo las actividades relacionadas con el mar que podían verse amenazadas por el cambio climático y la explotación excesiva de los mares y océanos. Es un modelo productivo cuyas actividades son balanceadas con la capacidad, en el largo plazo, de los ecosistemas oceánicos de soportar las actividades mismas y de permanecer resistentes a los cambios y soportar la contaminación (Whisnat & Reyes, 2015). También se define a esta economía como una que logra “una industrialización sostenible de los océanos a beneficios de todos”. Esta definición significa que la Economía Azul-Mares adopta una definición de beneficio que es más amplia que la de la economía de mercado, que sólo atiende al beneficio privado.

 

Las principales características de este modelo de economía son las siguientes (Secretariat Commonwealth, 2017):

  • Reconoce el valor del capital natural que significa el ecosistema marino, que debe ser tratado de manera que siga siendo proveedor de recursos marinos; por lo que se debe promover una utilización sostenible de los recursos de ese ecosistema.
  • Propugna un crecimiento económico que se base en actividades relacionadas con los océanos, mares y costas.
  • Promueve fuentes de energías renovables o con mínima emisión de GEI.
  • Aprende a utilizar de forma eficiente los recursos naturales, que son limitados.
  • Según la fuente citada, las actividades deben desarrollarse de manera que aseguren la capacidad de los ecosistemas marinos para resistir los cambios climáticos. Desde nuestra perspectiva, las actividades deben desarrollarse limitando el impacto en el ecosistema para evitar un cambio climático catastrófico; que destruya los recursos y a nosotros mismos.

 

Todas estas propuestas apuntan a la salvaguarda de los océanos y, si bien tienen diferencias, ellas se deben particularmente a su centro de interés o atención: la primera enfatiza la circularidad del proceso productivo, que reduce los residuos y la necesidad de utilizar recursos naturales; la segunda, la Verde, destaca la importancia de la producción de energía limpia, el incremento de la eficiencia energética, la reducción de la emisión de gases, residuos y contaminantes y la conservación del agua y de los recursos naturales; la tercera, La Economía Azul de Pauli da prioridad a la aplicación de las ideas de la Economía Circular en clusters empresariales; y la última, la Azul de los Mares busca la sostenibilidad de los ecosistemas marinos y costeros con propuestas que son próximas a la de la Economía Verde.

 

Si ellas se aplicasen, la sostenibilidad del desarrollo estaría asegurada. Hay varios caminos que se deben transitar para lograr esta sostenibilidad. A Continuación, trataremos uno, que nos parece relevante. Es más, lo consideramos necesaria.

 

 

4. El valor de la educación en conocimiento científico y en valores (efectos del subsistema 1 e interrelación con los demás subsistemas)

 

Para que los sistemas económicos funcionen de manera sostenible en la vida real es necesaria la implicación de la ciudadanía. Dada la lentitud de las reacciones de los gobiernos, una de las vías fundamentales para el cambio es la presión por parte de los ciudadanos y su voto para que los gobiernos diseñen y ejecuten políticas para la transición hacia la sostenibilidad. La política funciona como un sistema. Los gobiernos reciben demandas de los ciudadanos y de diversos grupos de presión; y responden (sus salidas sistémicas) con medidas de política. Si los ciudadanos no tienen una educación que les permita valorar la destrucción de la biosfera, no exigirán medidas para evitarla. En el mundo actual hay varios ejemplos de gobernantes que niegan la crisis climática y que han sido electos.

 

Esta misma presión la pueden ejercer los ciudadanos a las empresas, mediante un consumo responsable (productos ecológicos, disminución de plásticos, obsolescencia programada, tratamiento de residuos, utilización de energías renovables, etc.). Además, la que podemos designar como Educación ambiental, modifica el comportamiento de las personas, por ejemplo, frecuencia de consumo (no desechar bienes de consumo con tanta frecuencia, como celulares, autos o textiles).

 

Para poder crear una ciudadanía responsable es necesario educar en pensamiento crítico y en ciencia. No sólo se trata de memorizar el conocimiento acumulado por la ciencia, sino de entender cómo se produce este conocimiento, saber por qué el conocimiento científico es válido y otros no lo son. Entender el método científico, y poder aplicarlo a la vida cotidiana, para satisfacer la innata curiosidad del ser humano, hace que éste desarrolle por sí mismo un sentido crítico, cuestionando informaciones dudosas y contrastándolas. Para el caso que nos ocupa, esta educación debería incluir un enfoque ambientalista y de otros como justicia social y feminismo.

 

En ausencia de este tipo de educación, se aplican políticas perversas que son la causa de la actual crisis climática, por ejemplo, la destrucción del Amazonas o del deshielo del Glaciar Perito Moreno. La constatación de que la presión científica y ciudadana puede provocar un cambio positivo es la recuperación de la capa de ozono.

 

El enfoque igualitario y ambientalista sobre la educación que se propone en el presente artículo conllevaría un mayor acceso al trabajo y una mayor autonomía de la mujer. Una de las consecuencias de este tipo de educación y del acceso de las mujeres al trabajo reduciría la tasa de crecimiento vegetativo de la población, lo que tiene efectos favorables sobre la sostenibilidad.

 

En conclusión, para asegurar la sostenibilidad de la especie y del planeta y para poner en marcha las variantes de economía analizadas (circular, verde azul) es necesario tener en cuenta los varios subsistemas que hemos descripto para el diseño de políticas que afronten el reto de la crisis climática. El diseño de las cuales requiere la educación que proponemos.

 

 

Bibliografía

 

Barbier, E. B. (2010). A Global Green New Deal: Rethinking the Economic Recovery.

Fraile Oliver, A. (2011). Gunter Pauli. Sistemas económicos inspirados en ecosistemas naturales. Retrieved November 5, 2019, from 9 febrero website: https://ecosistemaurbano.org/castellano/gunter-pauli-sistemas-economicos-inspirados-en-ecosistemas-naturales/

Gallopin, G. (2003). Sostenibilidad y desarrollo sostenible: un enfoque sistémico (No. 64). Santiago de Chile.

Gallopin, G. (2016). Sostenibilidad del Desarrollo en América Latina y el Caribe: cifras y tendencias: Honduras. Santiago de Chile.

Legna Verna, C. (2009). La evolución de las ideas sobre desarrollo. XXIII Encuentro de ARETHUSE (Association de Rencontres Thémátiques Des Universités Du Sud de l’Europe). Málaga.

Legna Verna, C. (2018). El Desarrollo de las sociedades: un proceso encaminado hacia la realización de los seres humanos y su libertad. In Universidad de La Laguna (Ed.), XXXIII Congreso Internacional de ARETHUSE (Association de Rencontres Thématiques Économiques des Universités du Sud de l’Europe). San Cristóbal de La Laguna.

Macarthur, F. E. (2013). Hacia Una Economía Circular : Motivos Económicos Para Una Transicion Acelerada. Retrieved November 28, 2019, from Fundaciòn Ellen MacArthur website: https://www.ellenmacarthurfoundation.org/assets/downloads/publications/Executive_summary_SP.pdf

Pauli, G. (2010). The Blue Economy: 10 years, 100 innovations, 1000 million job. Boulder: Paradigm publication.

Programa de Naciones Unidas para el medio ambiente (PNUMA). (2011). Hacia una economía verde. Retrieved November 12, 2019, from www.unep.org/greeneconomy

Secretariat Commonwealth. (2017). The Blue Economy and Small States The Blue Economy and Small States.

Whisnat, R. ., & Reyes, A. (2015). Blue Economy for Business in East Asia: Towards an Integrated Understanding of Blue Economytle.

World Commision on Environment and Developement. (1987). Our Common Future. Oxford: Oxford University Press.

ZERI Organization. (n.d.). Zero Emissions Research and Initiatives. Retrieved November 11, 2019, from www.zeri.org

 

 

Sobre los autores

 

CARLOS LEGNA VERNA

Es Profesor Emérito de la Universidad de La Laguna, España, Doctor en Economía por la universidad Pierre Mendès France de Grenoble, Francia y Licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Fue experto de la cooperación para el desarrollo de Naciones Unidas. Trabajó como funcionario del ECOSOC (Consejo Económico y Social de NNUU) en América Latina y África. Trabajó como investigador en la sede de NNUU en Ginebra y fue profesor del ILPES (Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social de la CEPAL).

Ha publicado artículos y libros sobre como mejorar las decisiones estratégicas, la utilización de la dinámica de sistemas para definir políticas económicas y sociales, la gestión estratégica y el desarrollo socio-económico.

Email: clegna@ull.edu.es

 

DAVID LEGNA DE LA NUEZ

Es biólogo y Doctor en Desarrollo Regional por la Universidad de La Laguna (Is.Canarias, España). Experto en Energías Renovables. Ha trabajado en proyectos de cooperación internacional al desarrollo en África del Oeste relacionados con la protección ambiental, seguridad alimentaria e igualdad de género.

E-mail: davidsinfronteras@gmail.com

 

ISABEL GARCIA

Estudia la relación existente entre la educación y los problemas socio-ambientales que nos afectan globalmente. Es bióloga, profesora, y divulgadora, especializada en educación para el desarrollo sostenible.

E-mail: gcia.isabel@gmail.com

web: https://gciaisabel.wixsite.com/elciclosinfin

 

MARCELO LEGNA

Es escritor, filósofo y estudiante del comportamiento humano. Gracias a sus conocimientos multidisciplinares de ecología y psicología, tanto social como cognitiva, aporta una visión holística de los problemas sociales y ambientales.

E-mail: marslegna@gmail.com

web: https://marslegna.wixsite.com/marcelolegna

 


Foto de portada: Designed by jcomp / Freepik

 

 

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