El desafío de la gestión sostenible de residuos – Noticias AMAGI
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El desafío de la gestión sostenible de residuos

Fenómenos globales como el incremento de la población, la creciente tendencia a la urbanización, el crecimiento económico, una importante cantidad de personas que dejan la pobreza para unirse a una incipiente clase media y los patrones de producción y consumo claramente insostenibles ligados a una economía lineal han generado un constante aumento en la generación de residuos (UNEP, 2016). Esas características se hacen presentes en la región de América Latina y el Caribe (ALC), donde aproximadmente el 80% de la población es urbana.

 

Según los estudios realizados, la consecuencia inevitable de las características mencionadas proyecta un aumento exponencial (más del 60% para el 2025) en la generación de residuos en la región (The World Bank, 2012).

 

Desde el punto de vista económico, la región, en lo que va del siglo XXI, experimentó un ciclo de constante crecimiento, solo detenido parcialmente con la caída del precio de los commodities a partir de 2015, que permitió a sus habitantes obtener una renta per cápita más elevada y una movilidad social ascendente y, por ende, un mayor consumo.

 

En tanto que la base estructural de dichas economías es la extracción de recursos naturales, una de las consecuencias del proceso es una mayor presión sobre las reservas de éstos, también afectados por la industria turística, una de las principales fuentes de ingresos de los países del Caribe. La directa correlación entre mayores ingresos económicos individuales y la generación de residuos per cápita influyó en el volumen incremental de estos últimos.

 

La sociedad moderna global se caracteriza por una cierta aprehensión al consumo, denominada consumismo, que se traduce en transformarlo en un objetivo en sí mismo y no en la forma de satisfacer una necesidad. Paralelamente, y como contracara de una misma moneda, la vertiginosa aceleración del cambio tecnológico encontró una rápida aceptación y adopción por parte de los consumidores. Como muestra de ello, la corriente de residuos que más creció en la última década es la de los aparatos electrónicos, producto de su innovación permanente y una obsolescencia marcada por la moda y no por sus condiciones intrínsecas.

 

Esta es la realidad a la que las políticas y los sistemas de gestión de residuos de la región deben dar respuesta. Un primer diagnóstico es que dichos sistemas no han logrado estar a la altura de los avances económicos y sociales evidenciados en otras áreas.

 

Las falencias más notorias son la falta de cobertura total (100%) del servicio de recolección y una inadecuada disposición final, traducida en un gran número de basurales a cielo abierto en muchos países. Aunque los porcentajes de recolección en la región son altos, millones de personas no están alcanzadas por el servicio. Ahora, si bien la sociedad en su conjunto (comunidad, sector público y privado) ha tomado debida nota de la complejidad que encierra el problema y sus integrantes se han convertido en actores participativos en la búsqueda de soluciones, queda en los gobiernos la responsabilidad de asignarle a esta problemática la prioridad política que se merece.

 

 

De la gestión
 de residuos a la gestión de recursos

 

“Los límites físicos del crecimiento son límites de la capacidad de las fuentes del planeta para suministrar materiales y energía y de la capacidad de los sumideros del planeta para absorber la contaminación y los residuos”

(Meadows, Randers y Meadows, 2012, p. 53).

 

La preocupación de muchos bien intencionados ambientalistas se puede sintetizar en la frase precedente, en la que se intenta alertar sobre las consecuencias de una economía lineal iniciada con la primera Revolución Industrial y que se puede sintetizar en la noción de tomar-hacer-tirar, esto es, extraer los recursos naturales para utilizarlos en los procesos de producción y distribución de bienes, cuyos residuos se deben disponer. El resultado: una sociedad orientada a generar residuos. Sin embargo, hacia fines del siglo XX el crecimiento industrial exponencial ya comenzó a dar signos de escasez de recursos naturales por su excesivo uso y el consiguiente agotamiento de sus reservas.

 

El pensamiento expuesto y los datos de la realidad llevan a la consistente conclusión de que este modelo económico es claramente no sostenible para un mundo de 7.000 millones de habitantes que aspiran a obtener un mayor estándar de vida, y menos aún para los 9.000 proyectados para 2050. En 2015, la población de América Latina y el Caribe, en particular, se estima en 630 millones de personas, y la proyección para 2025 asciende a 691 millones, de las cuales el 82% (567 millones) se radicará en ciudades (UNEP, 2016).

 

La solución entonces fue encarar un cambio paradigmático con un objetivo: una sociedad orientada a generar recursos. Aparece así el concepto de economía circular, enfocado a reproducir el mecanismo biológico de la naturaleza incorporando la idea de un metabolismo industrial basado en pensar y diseñar los productos para que luego de un primer uso puedan ser reutilizados o constituirse en una materia prima secundaria para un nuevo proceso industrial o para generar energía alternativa, desplazando así a los combustibles fósiles.

 

De esta manera se inicia un camino de transición donde el objetivo fundamental es dejar de lado la concepción de disposición final de los residuos heredada de la economía lineal para pasar sucesivamente a una adecuada gestión de residuos hasta una verdadera gestión de los recursos como parte integrante de una economía circular.

 

 

Gestión de residuos como punto de partida hacia el desarrollo sostenible

 

“Desarrollo sostenible: Desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”.

 

Esta definición de lo que se debe entender por desarrollo sostenible, si bien no precisa la calidad y cuantía de las necesidades, introduce un elemento clave para superar los desafíos que enfrenta la generación humana: la noción de equidad intra e intergeneracional. Esto sepulta de alguna manera la establecida tiranía generacional que las generaciones presentes imponían a las futuras con sus decisiones.

 

El desarrollo es cambio, es progreso. Imita a la atmósfera en cuanto no es un marco equilibrado; es algo inestable, que tiene determinada ecuación en cuanto a sus componentes, pero es a partir de la reacción contrapuesta de esos componentes que se vuelve “vivible”, porque si fuese rígida e inconmovible, probablemente no existiría vida. Un electrocardiograma en equilibrio significa la muerte del paciente. Esto implica, por tanto, un dinamismo generativo que ya no permite la explotación desbocada de los recursos y la generación infinita de residuos incontrolables.

 

La idea de colocar en el centro de ese desarrollo al ser humano conlleva a una búsqueda permanente de mejorar su calidad de vida. El cambio permanente debe estar basado en la utilización adecuada de nuestros recursos naturales y la posibilidad de que las nuevas generaciones tengan las mismas oportunidades de utilizar los bienes de la tierra que tuvo la nuestra. Esto indudablemente requiere un cambio paradigmático donde los residuos que se intentaban hacer desaparecer se puedan convertir en recursos para el mejoramiento del sistema en su conjunto.

 

Tal sistema, orientado a un desarrollo sostenible, debe tener en cuenta las siguientes dimensiones:

 

Ambiental-residuos y cambio climático.

 

El impacto ambiental del inadecuado manejo de residuos a nivel local ya ha sido destacado. A nivel global el sector residuos contribuye a la generación de gases de efecto invernadero (GEI), favoreciendo el cambio climático.

 

En tanto los gases generados por el transporte de los residuos no se contabilizan en el sector, la mayor contribución se produce en los rellenos sanitarios por la descomposición anaeróbica de éstos. La tendencia que se ha observado de reemplazar los basurales a cielo abierto por rellenos sanitarios, unida al crecimiento de la población y al aumento en la cantidad de residuos, conducirá inevitablemente al incremento de la generación de GEI.

 

Esto solamente será evitado con políticas que conduzcan a una gestión integral de residuos, donde los conceptos de minimización, reúso y reciclado cobren relevancia. Además, se deberá incorporar a los rellenos sanitarios aquellas tecnologías que permitan una captación activa del biogás para su posterior quemado a través de antorchas o para la generación de energía.

 

 

Gobernabilidad y aspectos sociales.

 

El adecuado manejo de residuos requiere además el soporte de la creación de las instituciones responsables de gestionarlos a nivel local. Se debe generar, entonces, un cuerpo legal apto con regulaciones posibles, efectivas y de simple aplicación. Así mismo, es preciso evitar superposición de organismos, profesionalizar el sector con la debida capacitación y crear sistemas de información pensados no solamente para el recuento estadístico sino para la toma de decisiones.

 

Esto necesariamente debe complementarse con la identificación y participación de todos los actores públicos y privados y con la integración del sector informal.

 

Se deberá elaborar además un sistema de comunicación que incluya la educación formal e informal tendiente al necesario cambio de hábitos de consumo y al compromiso participativo.

 

 

Económica.

 

El éxito de las políticas de desarrollo implica una eficaz asignación presupuestaria a nivel público, la creación de un ambiente razonable de negocios a nivel privado y el acompañamiento social.

 

El adecuado financiamiento necesita la identificación de los costos, adecuadas decisiones de inversión, la creación de sistemas de recaudación basados en la capacidad de pago de los contribuyentes, acceso a los mercados de créditos, incentivos económicos y políticas estatales para favorecer la compra de productos reciclados.

 

 

Los beneficios
de una adecuada gestión de residuos

 

En la confección de una verdadera agenda para el desarrollo, la adecuada gestión de los residuos no solamente tendrá un rol protagónico sino que producirá una serie de beneficios.

 

 

Beneficios ambientales

 

La aplicación de probadas y disponibles tecnologías logrará reducir la generación de gases de efecto invernadero y luchar así contra el cambio climático.

La erradicación de basurales a cielo abierto reducirá la contaminación y degradación ambiental.

El reúso y el reciclado producirán materias primas secundarias para ser introducidas al proceso de producción con el consiguiente ahorro de materias primas vírgenes y de la energía para obtenerlas.

La generación de energía proveniente del tratamiento de los residuos contribuirá al mejoramiento de la matriz energética, aumentando las energías renovables.

Preservación y mejora del paisaje, lo que permitirá cumplir con otra de las funciones del ambiente en general, que es el goce de la naturaleza.

Ciudades más vivibles.

 

 

Beneficios sociales

 

Mejorar la situación sanitaria y la salud pública.

La construcción y operación de nuevas instalaciones contribuirá a creación y ocupación de mano de obra.

La capacitación y el entrenamiento de los operarios mejorará los recursos humanos, especialmente en las comunidades locales.

Permitirá la inclusión social y de esta manera luchar contra la pobreza.

Mejoramiento institucional.

 

 

Beneficios económicos

 

Creación de puestos de trabajo.

Incremento de la inversión.

Incorporación de nuevas tecnologías.

Mejora de la competitividad y de esa manera enfrentar las barreras paraarancelarias.

Reducción de los costos sanitarios.

Garantía y protección a las actividades turísticas.

Acceso al financiamiento internacional a través de las organizaciones multilaterales de crédito*.

Transferencia de experiencia para transitar el cambio tecnológico.

 

* Acceso al financiamiento creado fruto de las negociaciones
en el seno de la Convención de las Naciones Unidas Contra el Cambio Climático (Fondo Verde, Acciones de Mitigación Apropiadas a cada país, NAMAS por sus siglas en inglés).

 


 

Referencia bibliográfica

ONU Medio Ambiente (2018). Perspectiva de la gestión de residuos en América Latina y el Caribe. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Oficina para América Latina y el Caribe. Ciudad de Panamá, Panamá.

 

Foto de Portada: Designed by jcomp / Freepik

 

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