El futuro del trabajo en América Latina – Noticias AMAGI
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El futuro del trabajo en América Latina

El mundo del trabajo se está transformando, es el momento de buscar cuáles son las oportunidades que nos trae para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, cerrar la brecha de género y disminuir la desigualdad.

 

 

El último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en enero de 2019, menciona que los cambios en las formas de trabajo pueden generar nuevos puestos, pero también otros puestos quedarán obsoletos y pueden desaparecer. “Los avances tecnológicos como la inteligencia artificial, la automatización y la robótica, crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus trabajos en esta transición podrían ser los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades. Las competencias de hoy no se ajustarán a los trabajos de mañana y las nuevas competencias adquiridas pueden quedar desfasadas rápidamente. La ecologización de nuestras economías creará millones de puestos de trabajo a medida que adoptemos prácticas sostenibles y tecnologías limpias; en cambio, otros puestos de trabajo desaparecerán cuando los países vayan reduciendo progresivamente sus industrias basadas en el carbón y en el uso intensivo de los recursos.”

 

De acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2019), el futuro del trabajo estará marcado por dos grandes tendencias: “el tsunami tecnológico y el envejecimiento poblacional, ya que, aunque existe el mito que América Latina y el Caribe es una región joven, la realidad es que su población está envejeciendo más rápido que en el resto del mundo.” Ambas tendencias tienen una naturaleza positiva y presentan una gran oportunidad para la región. Pero para aprovecharla, debemos actuar.

 

 

¿Puede el mercado de trabajo alterar la organización de la sociedad?

 

El BID menciona que los cambios en el mundo del trabajo tendrán repercusiones en los distintos ámbitos de la sociedad. En el ámbito económico, puede provocar cambios en el crecimiento de la economía y la productividad, incrementar o disminuir la desigualdad, y afectar al empleo y a los ingresos. Desde un punto de vista social, alterará la manera en que interactúan las empresas, los individuos y el Estado. En el área de políticas, obligará a repensar la educación, la formación para el trabajo y la propia configuración del estado de bienestar, exigiendo a los países dar una respuesta eficaz a los desafíos comunes.

 

El mercado laboral es, además, el espacio donde se asienta un contrato social bajo el cual muchos estados han buscado redistribuir rentas o han organizado los sistemas de protección ante la vejez, enfermedad o desempleo. Por tanto, cualquier cambio en el mundo del trabajo puede alterar de manera fundamental la organización de la sociedad y resultar determinante para nuestro bienestar.

 

En relación a los avances tecnológicos, el pasado nos muestra que los cambios tecnológicos impactan fuertemente en el mercado de trabajo. Lo que diferencia a la cuarta revolución industrial de las anteriores es la velocidad de los cambios. Como nuestra capacidad de adaptación es limitada, estos cambios tecnológicos vertiginosos pueden representar un problema. Las personas tardamos años en desarrollar nuevas habilidades y asumir nuevas tareas y, al mismo tiempo, los gobiernos se mueven incluso más despacio para explotar las nuevas tecnologías. Existen barreras importantes que hacen difícil que América Latina y el Caribe pueda absorber tan rápido este tsunami tecnológico. Esto se debe a que, en comparación con los países desarrollados, la región no cuenta con las capacidades, habilidades e infraestructura necesarias para dar plena entrada a esta revolución tecnológica.

 

Acompañado de los avances tecnológicos, la región no solo verá un incremento del número de adultos mayores: también crecerá el porcentaje de personas que alcanzan la ‘cuarta edad’. Al aumento del número de ancianos se sumará el hecho de que las personas vivirán más allá de la tercera edad, por lo que requerirán cuidados adicionales. En paralelo, la reducción de las tasas de natalidad hará que el tamaño de las familias (que tradicionalmente representaban una red de seguridad para el bienestar de las personas, en especial, de los mayores) se reduzca notablemente.

 

Ante este escenario, parece probable que las personas deban prolongar sus vidas activas y trabajar durante más años. Esto a su vez implica que los mercados laborales, que hoy son hostiles con los trabajadores de más de 50 años, deberán adaptarse para darle oportunidades de trabajo a este sector de la población. Asimismo, los países de América Latina y el Caribe no están preparados para el envejecimiento. Los actuales sistemas de seguridad social están lejos de cumplir la labor que se les encomienda: su cobertura es muy escasa, las pensiones son, a menudo, insuficientes y, en la mayoría de los casos, su sostenibilidad financiera y social no están en absoluto garantizadas. Todos estos desafíos serán difíciles de resolver si no disminuyen los altos niveles de informalidad que caracterizan a los mercados laborales de la región.

 

 

El futuro del trabajo centrado en las personas

 

¿Qué acciones pueden llevarse a cabo para aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos que trae consigo la cuarta revolución industrial? La OIT sugiere que los programas laborales deben centrarse en las personas, por medio de tres ejes de actuación, que combinados entre sí generarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras:

 

  1. Aumentar la inversión
en las capacidades de las personas, no sólo en el capital humano, sino también para garantizar otros derechos.
    • El derecho a un aprendizaje de calidad a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente. El aprendizaje permanente engloba el aprendizaje formal e informal desde la primera infancia y toda la educación básica hasta el aprendizaje en la vida a
    • Incrementar las inversiones en las instituciones, las políticas y las estrategias que presten apoyo a las personas a lo largo de las transiciones que entraña el futuro del trabajo. Por ejemplo, los jóvenes necesitarán ayuda para la transición de la escuela al trabajo; Los trabajadores de edad avanzada para que puedan seguir siendo económicamente activos mientras lo deseen.
    • Aplicar un programa transformador y mensurable para la igualdad de género. El mundo del trabajo empieza en el hogar. Desde las licencias por paternidad hasta la inversión en servicios públicos de cuidados, las políticas han de promover que se comparta la prestación de cuidados no remunerados en el hogar para crear una auténtica igualdad de oportunidades en el lugar de traba El fortalecimiento de la voz de las mujeres y de su liderazgo, la eliminación de la violencia y del acoso en el trabajo, y la aplicación de políticas de transparencia salarial son condiciones para la igualdad de género. Es preciso también adoptar medidas específicamente orientadas a la igualdad de género en los puestos de trabajo del mañana que las nuevas tecnologías harán posible.
    • Proporcionar protección social universal desde el nacimiento hasta la vejez.

 

 

  1. Aumentar la inversión en las instituciones del trabajo, para consolidar y revitalizar las instituciones que regulan el trabajo.
    • Establecer una Garantía Laboral Universal. Todos los trabajadores, con independencia de su acuerdo contractual o situación laboral, deberían disfrutar de derechos fundamentales del trabajo.
    • Ampliar la soberanía sobre el tiempo. Los trabajadores necesitan una mayor autonomía sobre su tiempo de trabajo, sin dejar de satisfacer las necesidades de la empresa. Aprovechar la tecnología para ampliar las oportunidades y conciliar la vida profesional con la vida personal puede ayudarles a alcanzar este objetivo.
    • Garantizar y legitimar la representación colectiva de los trabajadores y los empleadores a través del diálogo social como bien público, promovido activamente a través de políticas públicas.
    • Encauzar y administrar la tecnología en favor del trabajo decente. Esto significa que los trabajadores y directivos han de diseñar la concepción del puesto de trabajo. Significa también que se adopte un enfoque de la inteligencia artificial «bajo control humano» que garantice que las decisiones definitivas que afectan al trabajo sean tomadas por personas.

 

 

  1. Incrementar la inversión en trabajo decente y sostenible, de conformidad con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
    • Incentivos para promover inversiones en áreas clave en favor del trabajo decente y sostenible. Como por ejemplo inversiones que impulsen la igualdad de género; nuevas oportunidades para las microempresas y las pequeñas y medianas empresas; el desarrollo de la economía rural, en infraestructuras materiales y digitales de alta calidad para reducir la brecha existente y apoyar la creación de servicios públicos de valor elevado.
    • Remodelar las estructuras de incentivos empresariales en pro de estrategias de inversión a largo plazo, y explorar indicadores suplementarios de desarrollo humano y bienestar. Como políticas fiscales justas, la revisión de las normativas contables empresariales, una mayor representación de las partes interesadas y cambios en las prácticas de presentación de informes. Han de adoptarse también nuevos modos de medir el desarrollo de los países para que den cuenta de las dimensiones distributivas del crecimiento, el valor del trabajo no remunerado que se realiza en el servicio doméstico y en las comunidades, así como de las externalidades de la actividad económica, por ejemplo, la degradación medioambiental.

 

 

Asumir responsabilidades

 

Para que las condiciones mejoren es imprescindible que todas las partes asuman su responsabilidad en la construcción de un futuro del trabajo justo y equitativo. Las políticas en materia comercial, financiera, económica y social presentan vínculos estrechos, complejos y de capital importancia. El éxito del programa de crecimiento y desarrollo centrado en las personas propuesto por la OIT depende en gran medida de la cohesión que se consiga entre todas estas áreas de políticas.

 

Contamos con suficientes señales que garantizan que el futuro del trabajo, de una u otra forma, nos pondrá a prueba. Ante esta realidad, la peor respuesta sería la inacción y dejar que la cuarta revolución industrial golpee de lleno a la región sin que nadie haya actuado para que las instituciones, las empresas y los trabajadores estén mejor preparados. Develar el rostro del futuro del trabajo y conocer con más detalle la magnitud y los matices del desafío al que nos enfrentamos, sería la mejor ayuda.

 

El mercado laboral del mañana en nuestra región dependerá, en realidad, de cómo actuemos a todos los niveles: los estados, las empresas y los trabajadores.

 

 


 

Bibliografía Consultada:

 

Trabajar para un futuro más prometedor (2019) – Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, Oficina Internacional del Trabajo – Ginebra.

 

El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe (2019), Banco Interamericano de Desarrollo, disponible en www.iadb.org/futurodeltrabajo (al 12 de febrero de 2019).

 

 

 

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