El mito del planeta infinito – Noticias AMAGI
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El mito del planeta infinito

Por Marcelo Legna e Isabel García

 

Si realizamos la pregunta, ¿tiene el planeta Tierra un límite? Lo más probable es que se nos responda que sí, que tiene forma de esfera achatada por los polos, con un volumen y superficie determinados y que, obviamente, es finito. Sin embargo tenemos clara la teoría, pero no la práctica. Sabemos que el espacio del que disponemos tiene un límite pero nuestro comportamiento no da muestras de comprender que los recursos que extraemos de él también lo tienen. Sabemos que nuestra población, como especie (Homo sapiens sapiens), no ha parado de aumentar desde la industrialización, y que su crecimiento exponencial se aceleró dramáticamente con el uso de la medicina moderna. Hoy, crece a razón de 300000 personas por día (aproximadamente). Con estas premisas, el lector hábil sólo puede haber llegado a una conclusión lógica: tenemos ante nosotros un grave problema, nos quedamos sin espacio.

 

Esta explosión demográfica compite con el agotamiento de los recursos naturales y el reparto de aquellos que no están contaminados, pero también con la posibilidad de progresar. En las condiciones actuales, no se puede mejorar la calidad de vida de una población en constante crecimiento, puesto que la disponibilidad de recursos es cada vez menor, y la contaminación cada vez mayor. Vivimos en un mundo en el que la población crece y el espacio habitable, otrora constante, disminuye. Sin embargo, lejos de limitar la población, se alienta a la procreación debido a un pensamiento local aludiendo a asuntos propios (por ejemplo, “si no nacen más personas no se podrán pagar las pensiones en el futuro”, aseveración que, por otro lado, es falsa) ignorando las implicaciones globales (a más gente más contaminación, menos recursos, más probabilidades de conflicto). Es ampliamente conocido que no todos los habitantes del planeta tienen acceso a los mismos recursos (tanto naturales, como institucionales y de servicios), y este reparto diferente genera desigualdades, que a su vez desembocan en conflictos sociales.

 

Por desgracia, en muchas zonas del mundo permanecemos indiferentes a esta problemática ya que, siempre que necesitamos algo, hay una farmacia abierta si estamos enfermos o una tienda de comestibles si tenemos hambre. Si tiene lugar un desastre natural o conflicto social lo arreglan otros por nosotros. Tenemos la idea de que si se crea una epidemia por negligencia humana, alguien creará una cura; si tiramos tanta basura al mar que formamos auténticas islas de plástico en el océano Pacífico, alguien creará un aparato que la recoja. Delegamos nuestra responsabilidad social y ambiental en la ciencia y la tecnología, las utilizamos como medio para enmendar nuestros errores, haciendo que se centren en corregir nuestros fallos en lugar de en avanzar.

 

Aquí entra en juego, también, el concepto de país o nación. Podría parecer que si en el territorio en el que vivimos se hacen bien las cosas, ese muro ficticio que son las fronteras nos salvará de cualquier intrusión nociva proveniente de aquellos territorios que no lo están haciendo bien. Nada más lejos de la realidad, la contaminación, la escasez y el conflicto no entienden de líneas imaginarias dibujadas en un mapa. La acción debe ser global porque los problemas son globales, las fronteras no te protegen de las inundaciones, de las sequías, de las tormentas, de la subida del nivel del mar, tampoco del hambre o las enfermedades, porque todos compartimos el mismo ecosistema global, y por eso, aunque sea por egoísmo y por instinto de supervivencia, tenemos que mejorar las cosas en todos los países.

 

Para conseguirlo proponemos trabajar duro en materia de educación a nivel global, mediante proyectos bien elaborados según el contexto dirigidos a eliminar esa idea, predominante en la mayor parte del mundo y por diversos motivos (religiosos, culturales, sexistas, etc), de que hay que tener descendencia, cuanta más, mejor. Está demostrado que cuanto mayor es el nivel educativo de una mujer, más capacidad tiene para decidir el tamaño de su familia, el cual disminuye considerablemente con los años de estudios cursados, permitiendo más libertad familiar, mejor calidad de los cuidados y mayores oportunidades por hijo, lo que conlleva, por tanto, mayor desarrollo humano. Es necesario acabar con la idea de que los hijos “reflejan un mayor estatus social” o que para ser una “persona completa” tienes la obligación de tener descendencia, y, sin duda, tenemos que romper con el estereotipo de que los niños son sólo responsabilidad de la mujer, avanzando poco a poco hacia una sociedad más igualitaria. Si continuamos teniendo descendencia para que no “se nos pase el arroz”, probablemente no tengamos más arroz que llevarnos a la boca. Por ello es también necesaria una mejor, mayor y generalizada educación sexual, junto con la normalización del uso de anticonceptivos, sobre todo de métodos como el preservativo que además previenen enfermedades de transmisión sexual. Hay que hacer hincapié sobre estos temas (sobrepoblación, desarrollo humano sostenible, educación sexual, etc.) en la educación obligatoria, ya que son problemas ampliamente conocidos en el ámbito académico, pero no en la población general.

 

El exceso de población no es nuestro único problema, y no hay que bajar la guardia en otros temas relacionados con nuestra huella ecológica planetaria, como lo son la necesidad de cambiar hacia un “modelo de desechos 0” (en el que se recicle todo, o casi todo), o usar energías renovables en lugar de combustibles fósiles, etc. Estamos mejorando en muchos aspectos (como la sutil transición hacia las energías renovables o la recuperación de la capa de ozono), sí, y es cierto que la situación de emergencia que vive el planeta Tierra está ocasionada por multitud de factores como: cambio climático, contaminación, modelo de producción y consumo o desigualdades sociales. Sin embargo, no podemos abordarlos adecuadamente si la población continúa creciendo a este ritmo desorbitado. Todos debemos mejorar nuestros sistemas, afrontando la desigualdad existente, ya que hay países muy poblados con una huella ecológica muy pequeña y países con menor población que producen una gran cantidad de desechos contaminantes.

 

No debemos dejar que “la naturaleza siga su curso”, porque eso nos llevaría a mayor desigualdad, a guerras, al hambre y a la enfermedad. No se trata de decidir quién se queda con el espacio y quién se muere de hambre, se trata de evitar que las siguientes generaciones tengan la carga de esa situación sobre la mesa. El genocidio o la discriminación no son la vía de escape a este problema, nadie tiene derecho a decidir quién vive o quién muere, quién tiene pan para comer y quién no. La solución es la educación universal, en igualdad de condiciones para todos, creando así en las personas de todo el mundo la capacidad de decidir tener o no hijos, y en qué número. Debemos entender que tenemos una responsabilidad para con nuestros descendientes, y para con el resto de personas del planeta, y por ello hemos de crear una sociedad de pensamiento global, consciente, maduro, y responsable. Si no asumimos esta responsabilidad, nuestros descendientes no podrán disfrutar de un Desarrollo Humano sino de un Desarrollo Inhumano.

 

Queremos un mundo justo, equitativo, diverso, con igualdad de derechos y oportunidades, asegurando la salud física y mental de todas las personas sean como sean y vengan de donde vengan. Un mundo donde sus habitantes adquieran conocimientos y capacidades que les permitan ser cada vez más libres. En un mundo en el que todos estamos sanos y participamos activamente, retrocedemos más despacio y avanzamos más deprisa.

 

 


 

Isabel Garcia

 

Estudia la relación existente entre la educación y los problemas socio-ambientales que nos afectan globalmente. Es bióloga, educadora, y divulgadora, especializada en educación para el desarrollo sostenible.

 

E-mail: gcia.isabel@gmail.com

web: https://gciaisabel.wixsite.com/elciclosinfin

 

 

Marcelo Legna

 

Es escritor, filósofo y estudiante del comportamiento humano. Gracias a sus conocimientos multidisciplinares de ecología y psicología, tanto social como cognitiva, aporta una visión holística de los problemas sociales y ambientales.

 

E-mail: marslegna@gmail.com

web: https://marslegna.wixsite.com/marcelolegna

 

 

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