El propósito de la educación – Noticias AMAGI
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El propósito de la educación

¿Alguna vez se preguntaron para qué sirve la educación? Por qué vamos a la escuela, por qué aprendemos múltiples materias, por qué aprobamos exámenes y competimos unos con otros por lograr mejores calificaciones. ¿Qué sentido tiene toda esta llamada educación y qué es lo que implica?

 

No sólo como estudiantes nos preguntamos esto, sino también como padres y educadores. ¿Por qué pasamos por el esfuerzo de recibir educación? ¿Es meramente con el fin de aprobar algunos exámenes y obtener un empleo? ¿O la educación tiene como función la de prepararnos, mientras somos jóvenes, para comprender el proceso total de la vida? Si la educación sólo nos prepara para un empleo, entonces nos estamos perdiendo el sentido de la vida. Porque la vida no es sólo un trabajo, un medio de ganarse la subsistencia. No deberíamos vivir para trabajar, sino trabajar para vivir, no deberíamos buscar sobrevivir, sino VIVIR; vivir con libertad, pudiendo elegir aquello que anhelamos.

 

En este sentido quiero transcribir un extracto de “El Arte de Educar de padres a hijos” de Franco Nembrini (2014: 28) “Ese día mi hijo se había acercado a mí sin manifestar una necesidad concreta; no quería pedirme agua, algo de comer, que le llevase a la cama, que le vistiese: estaba ahí mirándome. Al mirarle me transmitía una pregunta; leí en su mirada una pregunta absolutamente radical; era como si mi hijo me estuviese diciendo: “Papá, asegúrame que merece la pena haber venido al mundo. Dime cuál es la esperanza que tienes, por qué te levantas por la mañana y te vas a la cama por la noche. ¿Por qué el esfuerzo de vivir, la muerte, el dolor, la fidelidad, el sacrificio? Dime cuál es la verdadera razón por la que me has traído al mundo, para que yo pueda llevar el peso de la vida con dignidad, con esperanza y con fortaleza. Acompáñame en esto: es lo único que te pido. Muchas veces nos perdemos pensando que la educación son materias, es un idioma, son los exámenes y las calificaciones y nos olvidamos de lo más importante. Los niños y los jóvenes necesitan el testimonio de contar con adultos que sepan las razones por las que vale la pena vivir. Esta es la emergencia educativa que estamos transitando, no estamos pudiendo vivir en esperanza, no sólo no la comunicamos, sino que además no la demostramos en nuestra propia vida. Entonces, ¿qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos y alumnos? Somos el modelo a seguir, y si luego nos quejamos de que la generación de los jóvenes está perdida, no es por ellos. Es porque nosotros no supimos mostrarles cuál es el sentido de la vida. Vivimos temerosos, ansiosos y asustados de la vida.

 

Por consiguiente, tanto si somos padres, maestros o estudiantes, ¿no es fundamental que nos preguntemos por qué educamos o se nos educa? ¿Es el propósito de la educación ayudarnos a comprender el proceso total de la vida, o sólo consiste en prepararnos para una vocación, para el mejor empleo que podamos obtener? ¿Y Qué significado tiene la vida? ¿No es la vida algo extraordinario?

 

Krishnamurti (El propósito de la Educación, 1992) menciona que la educación no tiene sentido a menos que facilite la comprensión de la vida con todas sus sutilezas, con sus dolores y sus alegrías, con su extraordinaria belleza. Es imprescindible desarrollar la capacidad de pensar libremente, sin miedo, sin fórmula alguna, de modo que nuestros hijos y alumnos puedan comenzar a descubrir por sí mismos aquello que es real, verdadero. La vida es realmente muy bella, y sólo podremos apreciar su riqueza, su profundidad, su extraordinaria belleza, cuando podamos descubrir por nosotros mismos lo que es verdadero. No imitar, sino descubrir, eso es la educación, ¿no es así?

 

Pero para que esto sea posible, nosotros como padres y educadores tenemos la obligación de también descubrir el sentido de la vida, para poder transmitirlo con coherencia y sin miedos. ¿Saben lo que esto significa, lo extraordinario que sería crear una ambiente carente de temor? Krishnamurti señala que tenemos que crearla, porque vemos que el mundo está atrapado en guerras interminables; lo conducen personas que siempre están en busca del poder; es un mundo de personas ambiciosas, hombres y mujeres, todas anhelando posición y luchando unas contra otras para conseguirla. Y por otro lado, están los que se titulan santos, los gurús religiosos con sus seguidores; también ellos desean poder, posición, prestigio, aquí o en la próxima vida. Es un mundo insensato, completamente confundido. El mundo está desgarrado por creencias en conflicto, por diferencias sociales, por nacionalidades separativas, y éste es el mundo en que se nos educa para que encajemos en él.

 

Entonces, nuestra función es crear un espacio de libertad para que podamos vivir y descubrir aquello que es verdadero, para ser inteligentes y tener la capacidad de enfrentarnos al mundo y comprenderlo, no simplemente ajustarnos a él.

 

 


 

Bibliografía consultada:

 

Krishnamurti J., El propósito de la educación (1992), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina.

 

Nembrini F., El arte de educar de padres a hijos (2014), Ediciones Encuentro, Madrid, España.

 

 

Foto de portada: Designed by rawpixel.com / Freepik

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