El rol de la educación desde el enfoque de Desarrollo Humano – Noticias AMAGI
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El rol de la educación desde el enfoque de Desarrollo Humano

No basta que nuestra educación no nos dañe: es preciso que nos haga mejores.

(De Montaigne, Saggi, Libro Primo, XXV, 1587)

La verdadera riqueza humana no está en el PIB sino en otra parte.

(Nussbaum, 2010)

 

El crecimiento económico por sí solo no se traduce automáticamente en el progreso del desarrollo humano, el PBI no es suficiente ya que la verdadera riqueza de un país está en su gente. En 1990, el Programa para el desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP) ha publicado su primer Informe sobre el Desarrollo Humano, que introducía el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Según el IDH, el desarrollo de una nación debería ser medido no solo en base al rédito nacional, como era de costumbre hacer en el pasado, sino también tomando en cuenta otras variables relacionadas con la calidad social de la existencia individual, como la expectativa de vida y la tasa de alfabetización, la desigualdad multidimensional, la disparidad de género y la extrema pobreza.

 

En este sentido el Desarrollo Humano es el proceso de expansión de las capacidades de las personas que amplían sus opciones y oportunidades“. Tal definición asocia el desarrollo directamente con el progreso de la vida y el bienestar humano, con el fortalecimiento de capacidades relacionadas con todas las cosas que una persona puede ser y hacer en su vida en forma plena y en todos los terrenos, con la libertad de poder vivir como nos gustaría hacerlo y con la posibilidad de que todos los individuos sean sujetos y beneficiarios del desarrollo.

 

El bienestar de las personas es mucho más que una cuestión de dinero, ya que consiste en la posibilidad de realizar los proyectos de vida que los individuos tienen razón de elegir y perseguir a través de la cultivación de las capacidades de las cuales son portadores. De aquí la llamada a una nueva economía, una economía del desarrollo humano, que tenga como objetivo la promoción del bienestar humano y del crecimiento, y que se comprometa a evaluar y perseguir activamente políticas alternativas, en la medida en que permitan mejorar el desarrollo.

 

En este sentido, las instituciones educativas deben potenciar las capacidades humanas. Prestando atención a la capacidad de hacer de las personas. El objetivo sustancial de este enfoque es mejorar la calidad de la vida de cada uno definida en base a sus capacidades. Es así como los estudiantes deben adquirir la capacidad de combinar potencialidad, partiendo de los recursos cognitivos, emocionales y de los valores a disposición (saberes, saber ser, saber hacer, saber sentir) para realizar no solo un desempeño controlable sino además demostrar la intencionalidad hacia el desarrollo de objetivos que pueden ser propios y de la propia organización. Este actuar práctico requiere poder leer contextos (ellos también en evolución) que sólo una experiencia duradera puede permitir al sujeto. Es así como se piensa y reflexiona a partir de la experiencia, en un continuo trabajo dinámico de comprensión. Asimismo es vital generar procesos educativos centrados en la formación integral de la persona, en el juicio crítico, en la capacidad de pensar y hacer, en la apertura mental, en la dignidad y en el respeto de los derechos democráticos.

 

La valorización de las personas, gracias al desarrollo del capital formativo puede ser el primer paso de un proceso que conduzca a obtener “libertades sustanciales”, es decir, como repite Amartya Sen (2000), una libertad que implica la capacidad de transformar los bienes, los recursos a disposición en libertad de perseguir sus metas, de promover sus objetivos, de poner en acto estilos de vida alternativos, de planificar su vida según cuanto valor tiene para ellas mismas). Dependerá si se desarrolla esta potencialidad en cada persona para que pueda lograrlo o no. Es así cómo nos preguntamos ¿cuáles son las oportunidades para cada ser humano en la sociedad en que vive?.

 

La filósofa Martha Nussbaum (2010) presenta la lista de las capacidades que comprende las siguientes diez dimensiones

 

  • Vida: cada individuo debe tener la posibilidad de vivir hasta el final una condición humana de vida de normal duración, no morir prematuramente y no encontrarse en las condiciones de amenaza externa a su seguridad.
  • Salud física: gozar de buena salud, disfrutar de una nutrición adecuada, poder reproducirse y tener condiciones residenciales adecuadas.
  • Integridad física: estar en las condiciones de moverse libremente de un lugar a otro, estar protegidos frente a agresiones también sexuales, abusos (en particular cuando en la edad infantil) y violencia doméstica; gozar del placer sexual y capacidad de elección en las funciones reproductivas.
  • Sentidos, imaginación y pensamiento: poder usar los sentidos para imaginar, razonar y sobre todo pensar en modo humano o sea en contextos donde es posible acceder a la educación y al conocimiento. Utilizar imaginación y pensamiento con el propósito de la autoexpresión. Ser capaz de desarrollar decisiones autónomas, de naturaleza religiosa, literaria, artística. Poder ir en búsqueda del significado último de la existencia en modo autónomo. Tener experiencias placenteras y evitar formas de dolor inútil.
  • Sentimientos: poder elaborar sentimientos de afecto para cosas y personas. Ser capaz de desarrollar formas de apoyo a tales capacidades a través de las formas asociativas.
  • Razón práctica: Ser capaz de formar una concepción de lo que está bien y mal, comprometiéndose en una reflexión crítica sobre cómo planificar su existencia, anclando tal capacidad a la necesidad de protección de su libertad de conciencia.
  • Pertenencia: poder vivir con los otros seres humanos, y comprometerse en formas de interacción social, ejercitando empatía y compasión; ser capaces de justicia y de amistad. Proteger instituciones que están a la base de la defensa de aquellas formas de pertenencia. Proteger la libertad de palabra y de asociación política. Poder ser tratado como persona digna, sin incurrir en formas de humillación del sí. Estar protegido de las discriminaciones en base a la etnia, sexo, tendencia sexual, y religión, casta, origen nacional. En el trabajo, ser capaz de trabajar en modo digno de un ser humano, estableciendo una relación de mutuo reconocimiento con los otros trabajadores.
  • Otras especies: vivir en relación con los animales y las plantas y con el mundo de la naturaleza, pudiendo tener cuidado de ello.
  • Juego: poder reír, jugar y gozar de actividades recreativas.
  • Control del propio ambiente: participar a las decisiones políticas que gobiernan la propia vida y gozar de las garantías de libertad de palabra y de asociación. Tener derecho a la posesión de tierra y bienes móviles en términos de oportunidades concretas, buscar trabajo, estar protegidos de arrestos y requisas. Gozar de los derechos de propiedad.

 

El objetivo de una sociedad justa debería ser la realización de la igualdad de las capacidades de sus miembros. La consecuencia es que el objetivo que se debe maximizar no es la utilidad: no se trata solo de redistribuir bienes (aunque primarios), si no de activar las capacidades de utilizar esos bienes, para transformarlos en “nivel” de vida (Nussbaum, 2002). Entonces, debemos preguntarnos, “¿cómo actuar a través lo educativo para contrastar las desigualdades?” ¿Se puede pensar a la educación como garantía de inclusión social?

 

En definitiva, Giuditta Alessandrini (2014) enuncia que se pueden evidenciar algunas condiciones de base que pueden constituir una serie de recomendaciones:

 

  • La exigencia de un nuevo paradigma del desarrollo que ponga en el centro no solo la dimensión económico-productivista si no la cuestión antropológica (o sea el bienestar de los individuos, su felicidad y el desarrollo de sus potencialidades).
  • La superación del individualismo económico centrado en la racionalidad instrumental, para una ampliación de los horizontes centrado en el valor de la dignidad del individuo.
  • La exigencia de distinguir la formación poniendo no sólo la atención en las condiciones de empleabilidad de las personas sino también y sobre todo en las oportunidades de desarrollo de las potencialidades de cada uno.
  • El enfoque a una visión más amplia de la idea de innovación (Costa, 2011), no solo en términos técnico-funcionalistas sino como “dimensión social participada”.
  • La exigencia de focalizar la idea de responsabilidad social como único “eje” alrededor del cual puede enraizar un proceso compartido y efectivo de “crecimiento”.

 

 


Bibliografía consultada:

Giuditta Alessandrini (2014), El enfoque de las capacidades: ¿Una teoría pedagógica?, by Franco Angeli S.R.L., Milano, Italy. Edición original: La “pedagogia” di Martha Nussbaum. Approccio alle capacità e sfide educative.

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