El Trasfondo de los Estallidos Sociales en América Latina – Noticias AMAGI
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El Trasfondo de los Estallidos Sociales en América Latina

 

Por Carlos Legna Verna

 

Desde hace unos años, observamos que en América Latina se producen estallidos sociales, fuertes reacciones de grupos sociales, como respuesta a algunas medidas de los gobiernos que, observadas aisladamente, no son de gran significación: dos ejemplos recientes son los que se produjeron en Ecuador y Chile, en respuesta a medidas que producían un aumento del precio de los transportes. Cabe preguntarse si hay alguna causa o causas que los explique. Entiendo que la pista para encontrar al menos una causa la dio una mujer chilena, cuyos comentarios escuché por radio: la decisión del gobierno es la gota que rebasó el vaso. Ahora bien, cabe preguntarse por qué ese vaso de la paciencia ya estaba medio lleno.

 

Hay una clara causa: desde hace unas décadas, se ha producido en casi todos los países del mundo (no sólo en América Latina) una muy fuerte concentración del ingreso y de la riqueza en manos de los más ricos (el economista francés Piketty lo ha demostrado con mucha información estadística). Según datos del World Inequality Report (del año 2018, el 10% más rico de la población recibe el 37% del ingreso total en los países europeos (es una media de todos los países); el 41% en China; entre el 46-47% en Rusia, EEUU y Canadá y el 55% en los países del África Subsahariana. Para evaluar estos datos, debe tenerse en cuenta que, si la distribución fuese absolutamente equitativa, el 10% de la población debería apropiarse de también un 10% de la tarta. Sin embargo, ese 10% más rico recibe entre el 40% y la mitad o más de la tarta (si, por ejemplo, la población total fuese de 10 personas, el más rico se apropiaría de entre el 40% y más de la mitad de los ingresos del país). Además, el Informe confirma que desde los años 80 han crecido las desigualdades. No es difícil encontrar un superrico cuyo ingreso anual sea superior al de algún país de África. Desde la crisis de 2007/8 en varios países aumentó la riqueza de unos pocos; y los más pobres lo fueron aún más: no es cierto que todos sufrieron y pagaron la crisis. Los pobres pagaron una crisis a la que no contribuyeron, porque ella se inició en el sector financiero especulativo –no el que debe servir a la producción- de EEUU y luego se extendió, como reguero de pólvora, a todo el mundo. Fue así porque de hecho hay un solo sistema financiero mundial, en el que todos los operadores están interconectados. Cada vez que hay una crisis, se aplican las llamadas “políticas de ajuste”, que conllevan medidas que reducen las políticas sociales y los salarios reales a la vez que aumenta el desempleo; y así ocurrió durante los años posteriores a la crisis mencionada.

 

Ecuador y Chile son un ejemplo de lo que está ocurriendo en el capitalismo actual, pues se caracterizan por la muy fuerte concentración de la riqueza, del ingreso y del poder en pocas manos. Argentina no escapa a estas injusticias: uno de cada tres habitantes no puede alimentarse bien, por citar sólo una faceta de la pobreza. Estas situaciones crean, por sí solas, las condiciones para que se produzcan fuertes reacciones sociales.

 

A ello debe agregarse otra causa, que frecuentemente acompaña a la anterior: el desprecio o la desconsideración de los poderosos a los pobres; que en América Latina frecuentemente tienen orígenes indígenas. La filósofa Adela Cortina acuñó la palabra “aporofobia”, para definir el rechazo al pobre. Ella afirma que hay una discriminación universal a las personas sin recursos; y que la aporofobia va en contra de la dignidad humana y es excluyente. La democracia tiene que ser inclusiva necesariamente. Por eso no puede existir una sociedad aporófoba y democrática. Y todas las sociedades que conozco, dice Adela Cortina, son aporófobas. Los grupos sociales que son víctimas de la aporofobia no sólo desean mejorar sus condiciones económicas, sino que también reclaman respeto; que su opinión y su suerte en la vida sean tenidos en cuenta por los gobiernos.

 

Según una antigua tesis prevaleciente en la teoría económica, el crecimiento económico es incompatible con la mejora de la equidad en la distribución del ingreso: en otras palabras, a mayor justicia distributiva menor dinamismo económico. Pero, actualmente, se ha demostrado que esta disyuntiva es falsa. Crecen más los países más justos en la distribución de los frutos del proceso económico; incluso lo han reconocido, y han hecho estudios sobre este tema, organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial.

 

Entonces, ¿por qué no van a reaccionar los que pagan los platos rotos, que son siempre los mismos mientras que otros, que están en la cúspide de la riqueza y del poder, no sólo no pagan, sino que cada vez se apropian de una parte mayor de la tarta? Según los resultados de un grupo de trabajo organizado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos y el Ministerio de Defensa de España, “la pobreza y la desigualdad son potenciadores de riesgo de conflictos violentos”: así podemos entender lo que está ocurriendo en Chile y Ecuador; que no son los únicos casos, por cierto…Conviene tener presente que, en Argentina, según datos del FMI, el porcentaje de la población en situación de pobreza se elevó del 27% en la mitad de 2018 al 32% en la segunda mitad de ese año; y que, también en ese período, más de la mitad (52%) de los niños y adolescentes vivían en una situación de pobreza (la situación, ya indeseable, se empeoró, porque en 2017 ese porcentaje fue del 44%).

 

Estas reflexiones ayudan a comprender, así esperamos, no sólo las reacciones sociales, más o menos violentas, sino también algunos resultados electorales, en América Latina y en otras partes del mundo. Ante políticas económicas que aumentan el desempleo y la pobreza en determinados grupos sociales, aunque los gobiernos sean formalmente democráticos, los pobres, los marginados, los desempleados votan a alguien que les dé esperanza; aunque las medidas económicas que proponen no auguren un futuro mejor. Esto plantea un reto a los miembros de la academia económica y a los líderes políticos y sociales: hay que encontrar medidas de política económica que sean distintas de las designadas “neoliberales”, que logren un crecimiento económico que distribuya mejor sus frutos y que a la vez contribuyan, al menos, a frenar la degradación del medio ambiente. Se requieren políticas para responder con éxito a los dos principales retos a los que se enfrenta la humanidad: la pobreza y la insostenibilidad del modelo de crecimiento económico destructor de nuestro planeta, que ha dominado hasta el presente.

 

 


 

CARLOS LEGNA VERNA

Es Profesor Emérito de la Universidad de La Laguna, España, Doctor en Economía por la universidad Pierre Mendès France de Grenoble, Francia y Licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

 

Fue experto de la cooperación para el desarrollo de Naciones Unidas. Trabajó como funcionario del ECOSOC (Consejo Económico y Social de NNUU) en América Latina y África. Trabajó como investigador en la sede de NNUU en Ginebra y fue profesor del ILPES (Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social de la CEPAL).

 

Ha publicado artículos y libros sobre como mejorar las decisiones estratégicas, la utilización de la dinámica de sistemas para definir políticas económicas y sociales, la gestión estratégica y el desarrollo socio-económico.

 

clegna@ull.edu.es

 


 

Foto de Portada: Designed by Freepik

 

 

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