Megatendencias que moldean nuestro mundo – Noticias AMAGI
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Megatendencias que moldean nuestro mundo

La red de economistas de la ONU, con motivo del 75˚ aniversario de las Naciones Unidas, presentó un informe con las tendencias de nuestra época, a continuación te presentamos un resumen del mismo.

Nuestro mundo corre peligro, está siendo sometido a presiones en varios frentes. Pero esto no tiene por qué ser así, especialmente cuando los peligros se derivan de actividades humanas y su mitigación depende de nuestras elecciones. Si tomamos decisiones acertadas hoy, estaremos a tiempo para configurar las principales tendencias de nuestra época hacia una dirección que sea sostenible y genere beneficios para todos.

Durante gran parte de la década de 1990 y principios del 2000, el progreso económico estable ocultó varios problemas. La crisis financiera mundial de 2008 y la subsiguiente Gran Recesión desvelaron estas cuestiones y generaron una mayor voluntad para examinarlas bajo una nueva luz. Esta crisis también desató un renovado espíritu de cooperación multilateral, estimulada por la necesidad de una respuesta común y coordinada. La adopción en 2015 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático crearon un nuevo paradigma de desarrollo, un plan de acción para la prosperidad, las personas y el planeta basado en alianzas y multilateralismo.

Sin embargo, la Agenda 2030 ha perdido el rumbo. Los compromisos políticos no siempre se han traducido en acciones de políticas. Las finanzas sostenibles están aumentando, pero no lo suficientemente rápido ni a la escala que se necesita. El cambio de comportamientos y mentalidades todavía no es compatible con nuestras ambiciones en materia de sostenibilidad.

Y ahora, el mundo se enfrenta a una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes debido a la pandemia de COVID-19 que amenaza con desbaratar el logro de la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Las megatendencias que moldean nuestro mundo

La falta de éxito para mantener el rumbo de los ODS refleja las deficiencias en políticas públicas, la lentitud en el cambio de inversiones y los patrones de consumo y producción. El progreso también ha estado sujeto a la influencia de varias megatendencias que han ido configurando nuestro mundo a lo largo del tiempo.

Cinco de estas megatendencias: el cambio climático; los cambios demográficos, sobre todo el envejecimiento de la población; la urbanización; la aparición de las tecnologías digitales; y las desigualdades. Todas estas son el resultado de la actividad humana y, como tales, pueden ser determinadas por decisiones humanas y elecciones de políticas.

Tres de estas (las tendencias demográficas, la urbanización y la innovación tecnológica) son manifestaciones del progreso humano y, por consiguiente, son “inevitables” y seguirán ocurriendo mientras los seres humanos continúen relacionándose e interactuando entre sí. Sin embargo, el cambio climático, la degradación ambiental y las desigualdades no son ineludibles; son más bien el resultado de rotundos fracasos de las políticas.

Esta distinción es esencial en la toma de decisiones de políticas que conduzcan a la consecución de la Agenda 2030, y no que nos alejen de ella. Las tres primeras megatendencias generan beneficios explícitos para las sociedades y economías; por lo tanto, no se las debe detener ni obstaculizar, sino más bien encaminar y moldear para maximizar sus efectos positivos y minimizar cualquier efecto adverso. No obstante, el cambio climático y la degradación ambiental no tienen ningún efecto positivo y deben ser revertidos. De igual modo, las crecientes y persistentes desigualdades tienen un efecto general negativo. Si bien algunas personas pueden verse beneficiadas, muchas más se verán desfavorecidas, y el proceso menoscaba el desarrollo sostenible. Las desigualdades también deben corregirse.

Aunque estas cinco megatendencias constituyen fenómenos universales, las tres primeras pueden ser moldeadas mediante políticas nacionales, pero no es el caso con las otras dos. El cambio climático solo puede solucionarse si todos los países actúan de común acuerdo. Sin embargo, las desigualdades son algo híbrido, ya que cada país puede combatirlas, en gran parte, a través de políticas nacionales. Sin embargo, mitigar las desigualdades entre los países, como la brecha tecnológica, requiere un esfuerzo cooperativo a escala mundial.

El informe se centra en estas cinco megatendencias por dos razones principales. En primer lugar, cada una está directamente relacionada con la Agenda 2030. Entre las cinco, cuatro cuentan con su “propio” ODS: el cambio climático (ODS 13), la urbanización (ODS 11), la innovación tecnológica (ODS 9) y las desigualdades (ODS 10). Y la quinta, correspondiente a los desarrollos demográficos, ocupa un lugar destacado en las metas de varios ODS.

En segundo lugar, estas cinco megatendencias están fuertemente interconectadas. Cada una influye directamente tanto en los resultados del desarrollo sostenible como en las demás megatendencias. A menudo actúan de manera combinada, lo que refuerza sus efectos individuales. En otros casos, el efecto de una megatendencia puede ralentizar o contrarrestar el efecto de otra, tanto de manera positiva como negativa.

Esto significa que las políticas que moldean una megatendencia específica y reducen o reorientan su impacto también pueden reforzar o influir en otras megatendencias y producir beneficios secundarios.

Esta es una consideración importante para el diseño y la priorización de las intervenciones de políticas.

COVID-19: Una crisis y una oportunidad

La pandemia de COVID-19 es el mayor desafío inmediato de nuestro tiempo. Lo que empezó como una emergencia de salud pública se ha transformado en la recesión mundial más profunda desde la Gran Depresión. La magnitud de la crisis amenaza todo lo que se ha logrado en materia de desarrollo sostenible durante los últimos cinco años, así como gran parte de los avances del desarrollo alcanzados en los anteriores Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La pandemia nos afecta a todos, pero no a todos por igual. Ha resaltado y aumentado las desigualdades existentes entre países y dentro de ellos, y ha sido más perjudicial para los países y grupos que ya corrían más riesgo de quedarse atrás.

La crisis está afectando a las megatendencias de diferentes maneras. Por ejemplo, el aumento del teletrabajo a causa del confinamiento ha acelerado la digitalización de la economía y está impulsando la innovación tecnológica. Pero no todos los trabajos pueden realizarse en forma remota, y el acceso a una conexión de alta velocidad a internet es muy desigual. Esto significa que la COVID-19 está acentuando la brecha digital y agravando las desigualdades. No obstante, un aspecto positivo de que la actividad económica se haya detenido completamente es que también se ha interrumpido la generación de emisiones de gases de efecto invernadero, así como la contaminación del aire y del agua; además, se ha mejorado el estado de la biodiversidad. Sin embargo, estos logros serán efímeros si la recuperación no se centra en la preservación de la naturaleza y el clima.

Por muy perjudicial que haya sido la crisis, también es una gran oportunidad para reconstruir “mejor”, reinventar muchas de nuestras instituciones, estructuras económicas y sociales, así como comportamientos y actividades, a fin de orientarlos definitivamente hacia el desarrollo sostenible.

Muchos gobiernos han respondido a la crisis con medidas audaces y creativas, y con intervenciones a gran escala. Esto podría suponer un buen augurio para la recuperación de la crisis, la cual no debe ser un simple retorno a lo que teníamos antes. Con los ODS como plan maestro para la recuperación, tenemos una oportunidad para encarar los problemas con los que habría resultado muy difícil lidiar en circunstancias normales. Además, podemos hacerlo de manera innovadora.

¿Qué camino debemos seguir a partir de ahora?  Políticas para configurar las megatendencias

Las megatendencias llevan decenios fraguándose, por lo que no es fácil deshacerlas ni cambiarlas inmediatamente de manera significativa. Sin embargo, con el tiempo, sí es posible moldearlas mediante políticas consistentes.

Todas las megatendencias pueden tener efectos tanto positivos como negativos. Por ejemplo, la urbanización reúne todos los factores necesarios para la innovación tecnológica y las mejoras de productividad, pero los centros urbanos generan la mayor parte de la contaminación y los deshechos, dañinos para el entorno natural. Tratar los resultados negativos de una megatendencia puede ralentizar algunos de los efectos positivos que esta genera, y viceversa.

Las políticas pueden influir en una sola megatendencia, o en varias otras que interactúan con esta. Esto posibilita la creación de beneficios secundarios, cuando se alcanza un resultado positivo en un área gracias a una intervención diseñada para generar cambios en otra. Este tipo de intervenciones puede propulsar cambios más eficaces que se refuerzan mutuamente e impactos mucho más significativos.

Las implicancias de esto para la formulación de políticas son importantes. En primer lugar, los hacedores de políticas en cada área han de conocer los vínculos causales entre las megatendencias y cómo interactúan, y deben ser capaces de evaluar los efectos indirectos que la intervención en un área puede tener en los resultados de otra. En segundo lugar, se deben evitar las intervenciones en cualquier área que puedan o vayan a provocar un efecto regresivo en otra. En tercer lugar, se pueden realzar efectos que se refuerzan mutuamente mediante la formulación de políticas coordinadas en diferentes áreas, que incluyan intervenciones aplicadas a un área que estén diseñadas y programadas para coincidir con acciones en otra. Y, en cuarto lugar, cuando se produzcan efectos opuestos en dos o más áreas, la formulación eficaz de políticas deberá compensar las contrapartidas entre pérdidas y ganancias, lo que implica una coordinación horizontal y vertical que sea permanente y eficaz entre varios focos de toma de decisiones.

Estas consideraciones desempeñarán un papel fundamental en la priorización de las intervenciones de políticas y en la elección entre enfoques alternativos.

La secuenciación también es importante. Por ejemplo, la digitalización de las economías es inevitable e imprescindible, pero también agravará las desigualdades a menos que esté acompañada —y en algunos casos precedida— por políticas para crear una infraestructura digital, garantizar acceso universal a un costo asequible y proporcionar educación y capacitación permanentes a todos los ciudadanos a fin de que puedan aprovechar al máximo nuevos trabajos.

Dado el carácter arraigado de las megatendencias, las políticas para moldearlas y sus consecuencias deben ocuparse prioritariamente de influir en sus desencadenantes. En algunos casos, esto se puede lograr en parte al abordar los efectos de otra megatendencia, lo que podría trascender las dimensiones sociales, económicas y ambientales del desarrollo sostenible. Por ejemplo, las normas de construcción eficaces que reduzcan el consumo energético en los centros urbanos son primordiales para una planificación urbana sostenible que elimine la demanda general de electricidad, así como las emisiones de gases de efecto invernadero. En otros casos, las intervenciones eficaces se encuentran dentro de una misma dimensión del desarrollo sostenible. Por ejemplo, la gestión cuidadosa de los cambios en el uso de la tierra y la reducción de la deforestación ayudan a ralentizar los cambios en los ciclos hidrológicos que pueden afectar directamente el clima, al mismo tiempo que se preserva la capacidad de captura de carbono de los bosques y se reduce el calentamiento global.

El informe completo está disponible en este enlace.

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