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Oficinas saludables slow: En épocas de vacas flacas

Por Ing. Andrea Jatar
Directora Ejecutiva
de la Olla

 

No hay caso. Por más que nos encantaría darnos algunos gustos, es un momento para cuidar los costos y revisar prioridades. Hacer que la empresa siga funcionando, con márgenes en lo posible. Pero también sabemos que hay algunos lugares en que ya no podemos ajustar más el cinturón, que si lo hiciéramos, se nos empieza a derrumbar el jenga. Así que, en algún punto debemos apelar a la creatividad.

 

Porque sabemos que la gente es el recurso primordial de la empresa. El más valioso. El que hace que nos elijan aportando cada uno su granito de arena. Aunque sean pocos, porque tenemos un alto nivel de automatización, o sean el todo. Cada vez que perdemos a una persona capacitada, nos cuesta un montón (esta medida varía a gusto del consumidor) reacomodar su rol, o reasignarlo. Por eso, es importante que sepamos qué brindarles para que nos sigan eligiendo como empleadores.

 

Las épocas fueron cambiando. Nuestros abuelos soñaban con jubilarse en una empresa. Nuestros padres (o también algunos de nosotros), con hacer carrera y ahorrar para cumplir nuestros sueños. Pero los más jóvenes esperan que la empresa sea el lugar ideal para pasar gran parte del día disfrutando de hacer lo que quieren en su vida. Porque son conscientes que pasan gran parte del día con un grupo de personas que a veces eligen y a veces no. Y quieren pasarla bien, pero también que al llegar a fin de mes, el bolsillo los deje cumplir sueños de hobbies y vicios (si los tienen). Ya no alcanza con acordar una remuneración, ahora vamos por más: el valor agregado que da la empresa. Por eso es que si las oficinas están decoradas con onda, si hay comida en las reuniones, si ofrecen actividades de recreación, deportivas o de relajación, si brindan charlas interesantes sobre temas que se pueden llevar a casa, si ofrecen descuentos en comida, si dan préstamos y un sin fin de opciones que hacen a la RSE, o responsabilidad social empresaria. Esos son beneficios que están implícitos, que hoy día se valoran mucho más que una diferencia en el sueldo.

 

Pero claro, lo más tentador para la empresa es recortar costos por ahí, porque eso es lo que no está condicionado por ley. Ahora, ¿cuántos de estos beneficios que puede estar dando la empresa son de gran peso dentro de los costos? Al decidir dónde meter tijera es conveniente poner en la balanza (y si se puede charlar con los afectados) y evaluar si la reducción de costo es equiparable al beneficio que trae. Porque si esos beneficios que estamos decidiendo dejar de brindar harán que nuestro staff aumente su rotación, no es ningún negocio para la empresa, porque nos saldrá más caro el proceso de recruiting y la curva de aprendizaje que la comida de las reuniones que decidimos sacar o que la charla que estaban pidiendo.

 

Los beneficios que generan valor a los empleados generalmente son de bajo costo. Por eso, una decisión acertada es eliminar los que no son de interés, pero tratar de conservar, o de cambiar por equivalentes en resultado pero a menor costo, los que sí son esperados.

 

En épocas de vacas flacas, la comida siempre es bienvenida. Los vouchers de descuento, el kiosco, las reuniones con algo para picar y la pastelería de los festejos hacen al bolsillo de nuestros colaboradores, y a su motivación. Si realmente no es un costo elevado, al decidir continuar con estas acciones les estamos demostrando que los queremos con nosotros, que reconocemos la importancia de su trabajo y que los festejamos con esos pequeños gestos. No nos olvidemos que somos seres emocionales, y que todos y cada uno de nosotros queremos sentirnos útiles y queridos. Por eso, qué mejor que ofrecer una oficina saludablemente slow a quienes hacen de nuestro día algo maravilloso.

 

 

 

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