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Oficinas saludables slow: Información comestible y sana

Por Ing. Andrea Jatar
Directora Ejecutiva
de la Olla

 

Hace unos días le pregunté a mi marido: ¿cuál te parece que es el mayor problema en una oficina? Y me respondió: “Uf, tengo tanta información que no sé por dónde empezar”. Y me dejó pensando. Lo que debería haber sido alguna respuesta como el clima laboral, la presión de los clientes, las cuentas a pagar, la comida del comedor, etc. etc., lo tradujo en un “no-sé-qué-tengo-que-hacer-con-todo-esto-que-es-demasiado-para-leer-pero-debo-hacerlo-para-cumplir-mi-rol-y-mis-responsabilidades”. Así que vamos a empezar por el principio: cómo hacer que las oficinas sean más saludables desde nuestra experiencia corporativa.

 

Comencemos por la definición de saludable: “que es bueno o beneficioso para la salud, o que la proporciona”. Bien. Convivimos gran parte del día con gente que no es de nuestra familia, a veces son amigos, a veces terminan siendo conocidos, en un sitio que puede ser bonito para nuestro gusto o no, ventilado o no, ruidoso o no, luminoso o no, donde almorzamos o no, tomamos café/mate o no, etc. etc. Y se producen hitos, eventos, celebraciones, pausas, reuniones con gente que nos da placer o no. Eso afecta a nuestra salud física y emocional de manera positiva o negativa impactando directamente en la motivación de todos y de cada uno, generándose así un clima laboral específico. Sumale a todo esto (y seguro que de algo me olvido) el fenómeno que desde hace cuarto de siglo más o menos venimos viviendo: los mails, la intranet, la internet, las redes sociales, la telefonía móvil, las video conferencias, etc. etc. La publicidad, los gustos de cada uno, los hobbies y la mar en coche. Cartelería y flyers por todos lados. Nos convertimos en autómatas, vemos mucho y no leemos nada. Por suerte, hay gente especializada en Recursos Humanos que intenta que día a día estemos trabajando en ambientes más amenos y, en el mejor de los casos presupuesto autorizado mediante, nos ofrece opciones de gimnasio, guardería, comida, descuentos en compras, en espectáculos, transporte, working from home, after offices, etc. etc. Ahora nos entendemos cuando hablamos de sobrecarga de información. Debemos aprender a seleccionar lo que necesitamos, aunque muchas veces no queremos perdernos de lo que es importante para nosotros.

 

Eso mismo pasa cuando tenemos que ocuparnos de algo tan invisible pero tan importante como la comida de la empresa, del comedor, de los eventos o de las simples reuniones. Hay muchas empresas de caterings, y precios demasiado variados. Tenemos un presupuesto asignado y no tenemos tiempo de saber cómo trabaja cada proveedor, en qué se diferencia, cuál es la propuesta más adecuada para la empresa, sus actividades y su gente. Tanta info. y tan poco tiempo para digerirla hace que decidamos por lo más fácil: precio, simpatía con el vendedor, el menú que más me gusta, condiciones de pago, etc. etc. ¿Somos conscientes de qué ponemos en la balanza al decidir? Cada empresa tiene su diferencial, por eso al compararlas es muy difícil rankear objetivamente. Los caterings suceden y si el servicio es más o menos acorde a las expectativas, listo. Pero ¿cuánto impacta una alimentación de calidad en el clima laboral? La comida siempre ha sido un motivo de socialización, desde la prehistoria hasta hoy día. Para los empleados y colaboradores, es un servicio implícito, y si realmente está muy buena, genera felicidad, motiva en las actividades, produce un bienestar general. Muchas veces nos ocupamos de la calidad de la capacitación (porque eso impacta directamente en el rendimiento del equipo y el logro de los objetivos), de que las sillas sean cómodas para que nuestros colaboradores minimicen contracturas por malas posturas, que la iluminación sea adecuada, prefiriendo la luz natural, tener espacios informales de esparcimiento y reflexión, que haya snacks o algo para picar de cortesía. Pero ¿qué mejor que también intentar que esa alimentación esté alineada con las actividades del día y las necesidades de los participantes? Si damos vouchers o descuentos para los almuerzos, podemos brindar información de los mejores lugares para alimentarse, teniendo en cuenta si los ingredientes son agroecológicos y trazables, la propuesta social y el cuidado ambiental, además de la onda y nivel de servicio. Porque una buena alimentación impacta indirectamente en el rendimiento del equipo: la gente se siente bien, se enferma menos, tiene mejor humor y agradece a la empresa que se haya pensado en ella. Y una buena experiencia, que se da no sólo a través de la propuesta gastronómica (aroma, color, presentación, sabor, temperatura de los alimentos) sino también por el valor social y/o ambiental que tiene, da satisfacción a los comensales. Cuando en una empresa el servicio se brinda con gente con discapacidad o liberados u otra población vulnerable, que demuestra que es capaz de trabajar bien, de desarrollarse y de emocionar a otros con sus logros, da sentido a la empresa. A largo plazo, es uno de los factores que producen engagement. Y que siguen la filosofía slow, de vivir y valorar lo que nos rodea. ¿Lo habías pensado? En las próximas notas te iremos contando cómo ir acercándonos a la oficina saludable ideal.

 

 

 

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Foto de portada: Designed by Peoplecreations / Freepik

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