Reflexiones sobre la situación económica Argentina a mediados de 2020: ¡Argentinos a las cosas! – Noticias AMAGI
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Reflexiones sobre la situación económica Argentina a mediados de 2020: ¡Argentinos a las cosas!

por Carlos Legna Verna, clegna@ull.edu.es

1. La necesidad de una visión de largo plazo y la crisis global.

Como respuesta a un pedido de amigas y amigos he elaborado estas notas sobre la situación actual, que tan crudamente está afectando a millones de argentinos. La intención que me guía es estimular la reflexión para tratar de comprenderla; comprensión que no es posible si no adoptamos una visión de largo plazo que, a la vez, tenga en cuenta que Argentina, como todo país, es un sistema abierto que interacciona con el mundo.

Dada la velocidad actual de los cambios en las estimaciones sobre la evolución de muchos aspectos del quehacer social (economía, pandemia, etc.), creemos oportuno precisar que los datos que utilizamos a continuación son los disponibles hasta el 15 de octubre de este año. Sin embargo, consideramos que las ideas que exponemos sobre la existencia de algunos problemas estructurales que aquejan a nuestro país no son afectadas por algunos cambios coyunturales de los datos. Una versión completa de estas reflexiones ha sido publicada en AMAGI, Periódico mensual de Desarrollo Humano (número de noviembre de 2020).

Hay males en nuestro país que persisten por décadas y crisis que se repiten; y si esto ocurre es porque el cuerpo económico, social y político funciona de tal manera que crónicamente produce esos resultados.  Hay un encadenamiento de causas y de problemas que viene de lejos en nuestra historia, tema que da para más de un libro e investigaciones. En este artículo somos más modestos. Adoptamos un enfoque de largo plazo para detectar solo algunas de esas causas y problemas relacionados con la situación económica y la pobreza actuales, con la intención de llamar la atención sobre la necesidad de buscar soluciones, entre todos, a los problemas estructurales, profundos, que afectan a nuestro país.

Un país interacciona con su entorno. Por lo que no podremos comprender lo que nos ocurre si creemos que nuestros vínculos con el contexto mundial no tienen importancia. Si pensamos que los males son coyunturales e independientes del resto del mundo, no sólo no podremos comprender lo que nos pasa; sino que, además, no podremos elaborar las políticas adecuadas.  

Revisemos algunas características del contexto mundial en el que se desenvuelve Argentina, comenzando por la crisis mundial.

Como dijo el Secretario General de NNUU hace pocos días, asistimos a la mayor crisis económica que ha asolado al mundo desde la de los años treinta del siglo pasado, que trajo su secuela de pobreza, fascismo y nazismo, entre otros males. No lo olvidemos. Para los que les gustan los datos: se estima que durante este año el PIB mundial (recordemos que es un indicador de la actividad económica, aproximadamente, es igual a lo que reciben todos los ciudadanos por el trabajo que realizan y por las rentas del capital de que disponen más todos los ingresos del estado por impuestos) caerá aproximadamente un 5%; y crecerá en un porcentaje similar en 2021. Estos datos debemos tomarlos con reserva, porque las estimaciones cambian a cada momento y frecuentemente son cada vez más negras. Por ejemplo, en un reciente informe del World Economic Forum, se menciona que cientos de millones de personas perderán en el mundo sus trabajos debido a la COVID-19 (que se suman a los que ya estaban desempleados) y 1.600 millones de trabajadores de la economía informal podrían sufrir un “daño masivo” de sus medios de vida. Es importante notar que este daño masivo no sólo afecta a los países pobres, sino también a los ricos. Según el informe, solamente en abril, en EEUU se perdieron más de 20 millones de empleos; más de siete millones solicitaron ayudas de emergencia por desempleo en Canadá; en Japón, cuya tasa de desempleo ha sido tradicionalmente baja, hay más de 1,7 millones sin trabajo; más de dos millones solicitaron en Gran Bretaña el Universal Credit, que es un sistema de ayuda a los trabajadores con problemas financieros…y la lista sigue. Esto significa que el mundo tiene serios problemas económicos y sociales, por lo que los países tienden a volcar sus preocupaciones y políticas hacia la solución de sus problemas internos (o a la expansión geopolítica, como luego veremos). Por eso, la ayuda al desarrollo y la inversión extranjera externa en América Latina han tendido a decrecer. Estamos en un mundo en el que se afianza, no sólo en EEUU, el “America first”, con mayor proteccionismo económico y desglobalización. En este contexto, afortunadamente, el FMI ha flexibilizado sus políticas de ajuste, lo que facilita la negociación de nuestra deuda externa.

Las proyecciones sobre la recuperación de la economía mundial en los próximos años deben tomarse con cautela, como hemos comentado, porque ya hay no pocos estudios que prevén una crisis de deuda global, que se produciría porque casi todos los países del mundo y el sector privado se están sobre endeudando como consecuencia de la COVID-19. Por tanto, … lo único seguro es la inseguridad mundial.

2. El desplazamiento del poder hacia Asia combinado con la Cuarta Revolución Industrial y un capitalismo concentrador de la riqueza.

El dato global esconde una persistente tendencia: el desplazamiento del poder económico desde occidente hacia Asia, particularmente a China e India. China es el único país de las economías importantes que durante este año no tendrá una caída de su PIB, solamente se reduce su dinamismo. En cambio, el PIB de las que los organismos internacionales denominan “economías avanzadas” caerá este año 8% y crecerá en el próximo un 4,8% (no recuperará lo perdido durante este año); pero China e India crecerán al 8,2% y al 6,0% respectivamente. Este desplazamiento del poder económico es relevante para Argentina, porque ya ha cambiado, y cambiará, la geopolítica mundial, lo que es significativo, entre otros aspectos, para nuestras exportaciones. Es también importante para nuestro país la situación económica en Brasil, que lamentablemente no es muy floreciente, pues él y China son nuestros principales compradores (del orden del 30% de nuestras exportaciones) y, a su vez, entre ellos dos suman, aproximadamente, casi el 40% de nuestras compras externas. EEUU desempeña un papel muy inferior en nuestro comercio internacional: sólo nos compra algo más del 4,3% nuestras exportaciones y adquirimos en él casi el 13% del total de nuestras compras en el exterior (estos datos son de los primeros nueves meses de 2019, por lo que las cifras exactas pueden variar).

Está cambiando el orden internacional; se desplaza el poder hacia Asia. Pero no hay un único actor poderoso. América Latina y países como Argentina se encuentran en un juego multilateral, del que también participan EEUU y Europa, entre otros. Y, en ese juego, nuestro continente y nuestro país no tienen mucho poder. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió hace poco con la elección del presidente del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), función que, por una ley no escrita, siempre correspondía a un latinoamericano. El actual presidente de EEUU decidió imponer un norteamericano y lo logró: América Latina, dividida, no pudo hacer nada.

Otro aspecto relevante del contexto mundial es que, en estos momentos, asistimos al parto de la Cuarta Revolución Industrial, que ya ha puesto en escena tecnologías que han cambiado, y seguirán cambiando, nuestras vidas y las formas de producir y de trabajar. Y el país que no sepa nadar en ese proceloso mar mundial tendrá serios problemas. Entre otros desafíos, nuestra industria y nuestra agricultura tienen que adoptar esas nuevas tecnologías; y hay estudios que muestran que estamos atrasados en esa carrera. Tengamos en cuenta que las tecnologías son la clave para aumentar la productividad del trabajo, crecimiento que es necesario para mejorar los salarios reales. Desde la perspectiva geopolítica, la lucha por la primacía mundial entre China y EEUU pasa, fundamentalmente, por la carrera (y guerra) tecnológica; que según muchos estudios está ganando China. Por este camino podemos entender los enojos del Sr. Trump con China…

No menos importante es que el capitalismo actual está funcionando de una manera tal que es un gran concentrador de la riqueza y de la injustica social. Y Argentina no escapa a ese funcionamiento. En los años de la postguerra, generalmente la pobreza estaba asociada con la falta de trabajo, con el desempleo. Hoy en día, el capitalismo genera trabajadores pobres. La OIT (Organización Internacional del Trabajo), en su “Panorama social del trabajo en el mundo, 2019” estimó que en 2019 había 700 millones de trabajadores pobres en el mundo, que vivían con menos de 3,20 dólares al día. De ellos, 265 millones lo hacían con menos de 1,90 dólares, es decir, que eran extremadamente pobres a pesar de tener un empleo. También menciona la OIT que la parte que reciben los asalariados en relación con el ingreso total ha tendido a decrecer, lo que significa que la de los propietarios del capital ha aumentado (también lo ha demostrado Piketty, con sus investigaciones empíricas). La capitalización (el valor en bolsa) del grupo de las famosas FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Alphabet/Google) supera el valor del PIB de más de un país rico, de Alemania, por ejemplo. Una sola empresa, Amazon, tiene un valor en bolsa similar y Apple uno superior al de un país como España.

Nuestro continente (y Argentina, luego lo veremos) no escapa a esta concentración de la riqueza y la consecuente pobreza. Según CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, de NNUU) la proporción de personas que vivía en situación de pobreza comenzó a incrementarse desde 2015 y se mantenía en el orden del 30% del total de la población, lo que significa que 191 millones de personas se encontraban baja la línea de pobreza, de las cuales 66 millones estaban en situación de pobreza extrema (datos de 2019). Recordemos que “pobreza extrema” significa que la persona tiene un ingreso inferior al necesario para alimentarse bien; y que un niño mal alimentado tendrá de mayor un cerebro deficiente. Con la pandemia, la pobreza se agravó, en el mundo y en nuestro continente. Y Argentina no escapa a esa tendencia, que ya venía de años atrás.

3. La economía argentina, generadora de pobreza.

Volquemos ahora la atención hacia nuestro país. Casi es innecesario dar datos sobre la caída de la actividad económica, con su secuela de aumento de la desocupación, caída de salarios y acentuación de la pobreza (entre otros males), pues muchos argentinos sufren actualmente las consecuencias de esta situación. Por ello, sólo mencionamos que, según estimaciones del CESLA, Círculo de Estudios Latinoamericanos, (también el gobierno y el FMI proporcionan datos similares), actualizadas a 5 de octubre, el PIB se reduciría 11,1% en este año y, afortunadamente, durante el próximo comenzaría la recuperación, pues crecería el 5,5%. Este aumento es casi la mitad de lo que se perdería durante este año, pero al menos se comenzaría a caminar hacia adelante y no hacia atrás.

No hay dudas de que la economía argentina atraviesa momentos difíciles. Pero nos equivocaríamos si creyésemos que se trata de una situación momentánea; puntual. Por el contrario, la economía ya había reducido su actividad en casi un 8% desde mayo de 2018 hasta el mes anterior al inicio del confinamiento. Había una crisis y una deuda externa impagable previas a la situación actual. A las cuales, lamentablemente, se les puede aplicar el dicho “sobre llovido mojado”, pues luego vino la COVID-19.

En realidad, nuestro país tiene un permanente comportamiento económico ciertamente no envidiable, pues desde 2011 lleva una “década perdida” en relación con el PIB, como la de la “crisis de la deuda de los 80”. Perdida porque actualmente es inferior al de aquel año; y más inferior aún el PIB por habitante (ver el informe del CESLA, “Argentina, enero-mayo de 2020). Es decir, que el ingreso real de los argentinos se ha estrechado durante los últimos diez años.

Este es un valor promedio, que oculta el drama social, pues durante ese período aumentó el ingreso de los más ricos y disminuyó el de los más pobres. La evidencia indica que el nivel de pobreza de ingresos actual es superior al de 1983, cuando Argentina recuperó sus instituciones democráticas. Naturalmente, este resultado está estrechamente ligado al fracaso productivo: el PIB per cápita creció a menos del 1% anual en promedio entre 1983-2018, con enormes oscilaciones en el tiempo. Este escenario no es nada propicio para alimentar un proceso sólido de reducción persistente de la pobreza de ingresos. En este contexto tampoco ayudaron los cambios distributivos: como tendencia, la desigualdad de la distribución del ingreso aumentó desde aquellos años.

Las periódicas crisis económicas de argentina, conjuntamente con el desempleo y la concentración de la riqueza y de los ingresos ayudan a comprender por qué nuestro sistema socio-económico genera pobreza. La genera, estructuralmente, crónicamente. No es un fenómeno coyuntural, de hoy o de ayer. Efectivamente, la pobreza a lo largo de varias décadas tiene, lamentablemente, un piso de alrededor de casi un tercio de nuestra población (más bajo en algunos momentos), aumenta en períodos de crisis económica (como la del 2001) y se reduce cuando la economía mejora y es acompañada con políticas redistributivas. La evolución de la pobreza después de la implantación del modelo económico Cavallo-Menem hasta la actualidad nos permite ejemplificar este comportamiento.

Entre 2002 y 2011 observamos dos tendencias claras: crece significativamente el PIB y baja la pobreza; luego, la economía argentina entre en un período de estancamiento o decrecimiento y la pobreza tiende a subir: esto nos dice que necesitamos un crecimiento estable como condición para luchar contra la pobreza. Pero no lo hemos logrado desde que nuestro país recuperó la democracia. Es lo que ya dijimos, si pensamos que los problemas son sólo de hoy, no comprendemos nada de lo que nos pasa.

4. La necesidad de evitar las crisis económicas periódicas y de solucionar problemas estructurales.

La estabilidad del crecimiento económico es, entonces, una de las claves para reducir la pobreza, que debe ser acompañado con políticas sociales (que no trataremos en este artículo). ¿Por qué nuestro país tiene crisis periódicas? Sostenemos que esto ocurre porque tiene restricciones estructurales que limitan su crecimiento de manera estable a largo plazo. No podemos citar a todas aquí, por lo que nos limitamos a una de ellas, que es muy responsable de los periódicos problemas de deuda externa (otra relevante son los continuos déficits fiscales) y de crisis de crecimiento económico: los crónicos déficits de nuestras cuentas con el exterior (el Balance de Pagos). Antes de continuar, tengamos presente que ellos son una causa fundamental de deuda externa (entre otros males): como en una familia, si nuestros ingresos son iguales a 100 y gastamos 120, es porque nos prestaron 20 o porque hemos vendido las joyas de la abuela.

En nuestras transacciones internacionales no sólo debemos hacer pagos al exterior por lo que importamos, sino también por otros conceptos (intereses de la deuda y pago de su principal, transferencias de beneficios, diversos tipos de servicios, etc.); por lo que la economía argentina sólo puede afrontar estos pagos si el saldo entre el valor de las exportaciones y las importaciones de bienes es lo suficientemente alto. Si no lo es, el país tendrá que aumentar su deuda externa, pagar con divisas de sus reservas o responder con una combinación de estas dos alternativas. La entrada de capitales ayuda a saldar las cuentas externas; pero consideramos peligroso, en una visión de medio o largo plazo, depender permanente de la entrada de capitales o de otras remesas; menos aún si el capital es especulativo, golondrina…porque vuelan en cualquier momento, como ocurrió con la crisis del modelo Cavallo-Menem-De la Rúa.

Ahora bien, los frecuentes déficits de nuestras cuentas externas se deben a que los saldos entre las exportaciones menos las importaciones de bienes algunas veces son negativos; y, frecuentemente, cuando son positivos, no lo son suficientemente. Esto es así porque nuestro sector industrial, que se desarrolló siguiendo una Estrategia de Substitución de Importaciones (ESI), tiende a ser deficitario: el valor de las importaciones industriales es mayor que el de las exportaciones de este sector. Dicho sea de paso, este ha sido y es un problema latinoamericano, porque casi todos los países de la región implementaron una ESI y tienen problemas con sus sectores externos. Distinta fue la estrategia de los “tigres asiáticos”, que impulsaron una industrialización exportadora.

A riesgo de abusar de la paciencia de mis apreciados lectores (y espero, amigos), creo conveniente, por su importancia, ilustrar lo que he dicho con algunos datos, que se encuentran en la tabla siguiente (tomada de la pág. 7/31 del documento del INDEC “Cuentas Internacionales, Vol. 4, nº 3, segundo semestre de 2020).

El comercio internacional argentino se agrupa corrientemente en las categorías que se encuentran en la tabla: PP, Productos primarios (esencialmente de la agricultura y la ganadería); MOA, Manufacturas de origen agrícola, que son las transformaciones industriales de la agricultura; MOI, Manufacturas de origen industrial; y CyE, Combustibles y energía.

Comercio Internacional por grandes rubros (Millones de dólares)

 PPMOAMOICyETotal
Exportaciones5.2715.8572.32072714.176
Importaciones7313327.2336278.923
Saldo4.5405.525-4.9131005.253

Las MOI, son las manufacturas propiamente industriales, si podemos decir así, e incluyen bienes que son esenciales para el funcionamiento de toda la economía, como son los bienes de capital, los designados “bienes intermedios” (como las partes de un automóvil), los vehículos, etc. Ahora bien, observemos los datos de la tabla. La producción primaria produjo, durante el primer semestre de este año, un superávit de 4.540 millones de dólares y las MOA, 5.525. Entre los dos suman 10.065 millones de dólares. En cambio, las MOI tienen un déficit cercano al superávit de las MOA. Aquí nos encontramos con uno de los nudos gordianos de nuestros problemas económicos, en este caso referente al sector externo de nuestra economía.

Las importaciones de MOI son bienes esenciales para que funcione nuestra economía, por lo que fluctúan con el PIB: si éste crece, también lo hacen las MOI, y viceversa. Entonces, si la economía se acelera, también lo hacen las importaciones; y si las exportaciones no crecen al mismo ritmo se produce un déficit que habrá que cubrir con deuda externa, caída de reservas o rezar para que lleguen inversiones externas, que pueden ser peligrosas si son especulativas. Y así, siguiendo esta lógica, encontramos que el crecimiento del PIB de Argentina tiene un freno, que a veces se vuelve muy fuerte. He insistido con esto para ilustrar mi afirmación de que tenemos problemas estructurales, que no se solucionan en dos días, pues aumentar de manera significativa las exportaciones PP y MOA y reducir el déficit de las MOI, o una combinación de ambas, no es sencillo.

Por eso creo que son importantes iniciativas y acuerdos que apunten a elevar las exportaciones PP y MOI y crear empleos, siempre considerando que esto se realice de forma que no impacte negativamente en el medio ambiente y en las personas. Hay que juntar actores sociales, gubernamentales y, es deseable, políticos de al menos algunos partidos, en torno a la solución de los problemas reales que tenemos, cediendo cada uno un poco para construir. Tal vez este es el principal mensaje que deseo transmitir. Como decía Ortega y Gasset, en una conferencia que dio en nuestro país en 2019, ¡argentinos a las cosas!

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