También hay que aplanar la curva del cambio climático – Noticias AMAGI
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También hay que aplanar la curva del cambio climático

Exigimos un futuro sano y resiliente para las personas y el planeta

 

En medio de la pandemia de coronavirus, la temperatura sigue subiendo, los glaciares derritiéndose y los desastres naturales acechando, por lo que no se puede detener la lucha contra el cambio climático.

 

Según las predicciones de la agencia de la ONU, para 2024 es probable que se produzcan nuevos aumentos de la temperatura mundial, en particular en las regiones de latitudes altas y en las zonas terrestres, y que el calentamiento oceánico sea más lento, en especial en el Atlántico Norte y en el océano austral.

 

No sólo la temperatura, pero también las variaciones en el contenido de calor en los océanos y su acidificación, el nivel del mar, el tamaño de los glaciares y la cobertura de hielo marino en los polos, han demostrado una aceleración del cambio climático en los últimos cinco años.

 

La pandemia del coronavirus, que ya ha causado devastación y dificultades inimaginables, ha detenido casi por completo nuestro estilo de vida. El brote tendrá consecuencias económicas y sociales profundas y duraderas en todos los rincones del planeta. Ante esta turbulencia, como lo ha indicado el Secretario General de las Naciones Unidas, el COVID-19 requerirá una respuesta nunca vista: un plan de «tiempos de guerra» para enfrentar una crisis humana.

 

Y a medida que pasemos de esta respuesta de «tiempos de guerra» a la etapa de «reconstruir mejor», debemos tener en cuenta las señales ambientales y lo que significan para nuestro futuro y bienestar, porque el COVID-19 no representa en absoluto algo prometedor para el ambiente.

 

Los impactos positivos visibles, ya sea la mejora de la calidad del aire o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, son sólo temporales, porque se derivan de una aguda desaceleración económica y un trágico sufrimiento humano. La pandemia también provocará un aumento en la generación de desechos médicos y peligrosos.

 

 

La lucha no se puede detener por el COVID-19

 

“La biodiversidad está en un pronunciado declive, y las perturbaciones del clima se están acercando a un punto de no retorno”, advirtió el Secretario General de la ONU en su mensaje oficial para el Día de la Tierra. Tanto para António Guterres, como para el líder de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Talas, “se debe actuar con decisión para proteger al planeta tanto del coronavirus como de la amenaza existencial del cambio climático.

 

Aunque la pandemia ha llevado a una reducción transitoria de las emisiones de gases de efecto invernadero, no sustituye una acción climática continuada. Además, la situación hace que sea más difícil atajar los riesgos de desastres naturales, cuya gravedad no hace más que aumentar a causa del cambio climático.

 

“Si bien el COVID-19 ha provocado una grave crisis económica y sanitaria de alcance internacional, el hecho de no hacer frente al cambio climático puede poner en jaque el bienestar de las personas, los ecosistemas y las economías durante siglos. Tenemos que aplanar la curva tanto de la pandemia como del cambio climático”, afirmó Talas.

 

Para el jefe de la Organización Meteorológica es necesario mostrar la misma determinación y unidad contra el cambio climático que contra el coronavirus.

 

“Tenemos que actuar juntos en interés de la salud y la prosperidad de la humanidad, no solo durante las próximas semanas y meses, sino pensando en muchas generaciones futuras”, afirmó.

 

Los fenómenos meteorológicos extremos han aumentado, y no desaparecerán a causa del coronavirus. “Y la pandemia no hace más que dificultar el reto que conlleva la evacuación de las personas para protegerlas de los ciclones tropicales, como evidenció Harold, el huracán de categoría 5 que azotó el Pacífico Sur. Y corremos el riesgo de que unos sistemas de salud saturados no puedan hacer frente a una carga adicional de pacientes debida, por ejemplo, a olas de calor”, señaló Talas.

 

El líder de la esa agencia pidió a los Gobiernos que redoblen sus esfuerzos para fortalecer los sistemas de alerta y así poder afrontar múltiples riesgos.

 

 

Lo silvestre debe seguir siendo silvestre

 

Con respecto al COVID-19 en sí, parte del desafío que tenemos por delante es comprender el origen de este tipo de enfermedades, porque la salud de nuestro planeta juega un papel importante en la propagación de enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que se originan a partir de patógenos transmitidos de animales a humanos.

 

A medida que invadimos los frágiles ecosistemas del planeta, los seres humanos entran en mayor contacto con la vida silvestre. Además, el comercio ilegal de vida silvestre y los mercados húmedos ilegales son causas frecuentes de tales enfermedades. Alrededor de 75% de las nuevas enfermedades infecciosas son zoonóticas y, de hecho, alrededor de mil millones de contagios y millones de muertes ocurren cada año a causa de este tipo de afecciones.

 

Hoy la actividad humana ha alterado casi 75% de la superficie terrestre y ha sitiado a la vida silvestre y la naturaleza en un rincón cada vez más pequeño del planeta. La naturaleza es crucial para nuestra propia supervivencia: la naturaleza proporciona nuestro oxígeno, regula nuestros patrones climáticos, poliniza nuestros cultivos, produce nuestros alimentos, pero está bajo un estrés creciente.

 

Lo silvestre debe seguir siendo silvestre. Es hora de restaurar nuestros bosques, detener la deforestación, invertir en la gestión de las áreas protegidas e impulsar mercados para los productos sostenibles.

 

 

Un plan para el futuro de la Tierra, construir una economía diferente

 

Y a medida que los motores del crecimiento comienzan a acelerarse nuevamente, necesitamos ver cómo el manejo prudente de la naturaleza puede ser parte de esta economía diferente que debe surgir, una en la que las  finanzas y las acciones impulsen empleos sostenibles, el crecimiento verde y una forma distinta de vida, porque la salud de las personas y la salud del planeta son una y la misma cosa, y ambas pueden prosperar en igual medida.

 

Cualquier impacto ambiental positivo después de esta aborrecible pandemia debe comenzar por el cambio en nuestros hábitos de producción y consumo hacia modelos más limpios y sostenibles.

 

Porque sólo las transformaciones sistémicas a largo plazo cambiarán la trayectoria de los niveles de CO2 en la atmósfera. En el período poscrisis, cuando se diseñen paquetes de estímulo económico que incluyan infraestructuras, existirá una oportunidad real de satisfacer esa demanda con planes sostenibles de inversiones en energía renovable, edificios inteligentes, transporte público limpio, entre otros. Para Guterres, es además esencial que los paquetes de estímulo posteriores a la COVID-19 ayuden a que la economía vuelva a crecer de forma más ecológica.

 

“Con frecuencia, las crisis económicas anteriores han ido seguidas de períodos de recuperación asociados con aumentos de las emisiones hasta niveles muy superiores a los previos a la crisis”, advierte la Organización Meteorológica.

 

Para fines de 2020, las emisiones globales de carbono deben disminuir un 7,6% y continuar disminuyendo en esa misma proporción cada año durante la próxima década para que se logre mantener el calentamiento global por debajo de 1,5˚C a fines de siglo, según el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2019 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Mantener el calentamiento global a ese límite permitirá evitar una catástrofe, como han advertido los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

 

La actual pandemia de COVID-19 es un claro recordatorio de la vulnerabilidad de los humanos y del planeta frente a amenazas de magnitud global. El daño descontrolado al medio ambiente debe ser abordado.

 

Según Guterres «si hubiéramos avanzado más en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, podríamos enfrentar mejor este desafío». El jefe de la ONU reiteró que la crisis actual es una llamada de advertencia sin precedentes, y que se necesita convertir la recuperación en una verdadera oportunidad de hacer lo correcto en el futuro.

 

Para ello, ha propuesto seis medidas:

  1. El gasto de dinero en la recuperación tras el coronavirus debe ir acompañado de la creación de nuevos trabajos y empresas mediante una transición limpia y ecológica.
  2. Si se utiliza el dinero de los contribuyentes para rescatar empresas, es necesario vincularlo a la consecución de empleos verdes y de un crecimiento sostenible.
  3. La artillería fiscal debe impulsar el paso de la economía gris a la verde, y aumentar la resiliencia de las sociedades y las personas.
  4. Los fondos públicos deben utilizarse para invertir en el futuro, no en el pasado, y fluir hacia sectores y proyectos sostenibles que ayuden al medio ambiente y al clima.
  5. Los riesgos y oportunidades climáticos tienen que incorporarse al sistema financiero, así como a todos los aspectos de la formulación de políticas públicas y las infraestructuras.
  6. Trabajar juntos como una comunidad internacional.

 

Para el Secretario General, esos seis principios constituyen una importante guía para la recuperación. “Los gases de efecto invernadero, al igual que los virus, no respetan las fronteras nacionales.”, aseguró el titular de la ONU.

 


 

Fuente Consultada:

Día de la Tierra: también hay que aplanar la curva del cambio climático | Noticias ONU. Disponible en https://news.un.org/es/story/2020/04/1473182

La pandemia de coronavirus es una oportunidad para construir una economía que preserve la salud del planeta | Noticias ONU. Disponible en https://news.un.org/es/story/2020/04/1472482

 

Foto de portada: Designed by jcomp / Freepik

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